Carlos García Vázquez: “Espero un cambio como los de los años 20 o 60”

Nos recibe en su estudio Carlos García Vazquez, catedrático de composición de la ETSAS. Carlos da clase sobre ciudad y sobre patrimonio, siendo la primera su linea de investigación principal. En sus clases siempre busca el debate de los alumnos y la aplicación de la teoría. 

Da clases sobre Ciudad y sobre Patrimonio en la ETSAS. Aunque su línea de investigación se centra en la ciudad, quien ha estado en sus dos clases dice que lo que realmente le emociona al hablar es el patrimonio.

No es verdad, mi campo de conocimiento principal es la ciudad, no el patrimonio, aunque lleve los dos. Esa emoción tiene que ver con, no sé, con el comienzo de un temario nuevo,  con circunstancias secundarias. Pero te confieso que mi pasión en la investigación es la ciudad contemporánea.

Es sus clases utiliza distintos instrumentos de aprendizaje, el que más fomenta es el debate.

Esto viene de mi experiencia no sólo como profesor sino como profesional, creo que una de las enormes carencias de la educación de este país, desde la base de la educación primaria, tiene que ver con que no se incita al estudiante a hablar. Aquí el niño bueno en el colegio es el que no habla, el que está callado y no molesta. Eso con el tiempo genera una persona que no está preparada para intervenir, que no está preparada para hablar, ni para hilar argumentos ni para rebatirlos, muchas veces tampoco para escuchar. Sin embargo nuestra profesión cada vez más necesita de estas aptitudes.

Cuando he dado clases en el extranjero, aunque hay diferencias entre países, por ejemplo en Estados Unidos yo apenas podía hablar, los estudiantes continuamente intervenían y eso era maravilloso. Aquí sin embargo depende de los grupos y depende de los cursos. Hay veces que hay grupos totalmente pasivos que no intervienen y otros que todo lo contrario, el que salga de la carrera preparado en eso tiene muchas más armas para competir en el campo profesional.

¿Cree que pueden salir de la carrera preparados en esto?

Si esto sólo se hace una vez en la carrera, que espero que no, pues no creo que se preparen. Si esto se hiciera en toda la carrera y no sólo eso, si se hubiese hecho en primaria y secundaria, es cuando sale una persona realmente dialéctica, que sabe hablar y escuchar. En un semestre es difícil conseguir algo con alguien que nunca ha debatido, pero cuando una persona viene preparado para ello el semestre es sorprendente.

También está la otra cara, la del estudiante pasivo que no habla. Es algo que me resulta estremecedor en una clase, ver un aula de personas que no interactúa  no tiene nada que ver con el mundo universitario, ese mundo de la democracia, de hablar, de proponer ideas…

Muchas veces es problema de la timidez del estudiante.

¿Tú crees que es problema de timidez?

O miedo a decir algo que no sea correcto.

Puede ser pero ¿Cuándo van a perder ese miedo? Cuando tengan que defender un proyecto en un ayuntamiento ese miedo va a ser el triple. Recuerdo que tuve un grupo con una parte del alumnado bastante pasiva y les dije que si no hablaban en un entorno de 20 estudiantes que se conocen desde hace años, además con una conversación en castellano sobre un tema que conocen absolutamente… ¿qué harían cuando estén frente a 200 personas en otro entorno, con personas con mayor capacidad crítica y defendiéndose en otro idioma? Si no es en clase, ¿cuándo van a hablar en público?

Si es por timidez, la timidez se vence, te lo digo por experiencia, soy una persona bastante tímida y he tenido que controlar esa timidez y sé cuáles son los campos en los que puedes seguir siendo tímido y en los que no. Hay que hacer ese esfuerzo.

¿Cuál es la importancia de esa capacidad de debate en la profesión?

Las personas que se desenvuelven bien en nuestra profesión son personas con capacidades verbales muy desarrolladas. No sólo basta con ser un buen arquitecto, tienes que mostrarlo, si eres un arquitecto brillantísimo pero no sabes vender tu proyecto te vas a quedar con el proyecto en la mesa. La importancia es brutal.

A estos debates que hacemos, que además son de muchos tipos, unos son previos a un tema, otros tras leer un texto… si pudiera les daba un porcentaje de la nota altísimo, le pondría el 50% de la nota. Matizando esa nota con el problema de la timidez que algunos tienen.

Quizá esa falta de capacidad de debate está relacionada con la falta de lectura. Este año han pedido que cada alumno se lea un libro.

La historia del libro es muy curiosa. Recuerdo que estábamos reunidos los profesores que dábamos la asignatura sobre ciudad y hablábamos de que los alumnos leyeran un capítulo de un libro, pero encontrar un capítulo con la suficiente autonomía era muy difícil. Se me ocurrió poner sobre la mesa “oye, pues que se lean el libro entero” y un compañero me dijo que cómo le íbamos a pedir eso y yo también pensé en ese momento que era excesivo. Pero inmediatamente todos los profesores reaccionamos, no es ninguna locura leerse un libro, claro que no. Quizá el problema esté en nosotros.

De todas formas, aunque la falta de lectura sea preocupante, no es tan dramática porque se está sustituyendo  por otras formas de conocimiento, ahora el conocimiento se absorbe de otra manera. Los estudiantes de ahora no son menos cultos, probablemente sean mucho más cultos que los anteriores. Pero el leer libros, el introducirte en la comprensión intelectual de un objeto que es largo, que no se lee en un momento, ni un día, eso te induce en el pensamiento sintético, en el poner en conexión un montón de elementos que tú mismo vas hilando. Cuando sólo lees fragmentos de internet esa capacidad de síntesis se pierde y eso sí que lo noto en los estudiantes. El estudiante contemporáneo es muy capaz de tener un pensamiento rápido, que es algo que hacía mucha falta, pero cuando hay que poner en conexión y sacar conclusiones empieza a tener problemas.

Esta falta de lectura, ¿la ve también en otro países, es algo común a una generación?

Sí, es general. Yo soy muy contrario a estigmatizar a las nuevas generaciones, es una cosa de persona mayor esto, el creer que la juventud es peor. Y esto no es verdad, la juventud simplemente cambia, cambia la forma de hacer, la forma de organizar y recibir pensamiento… y la nueva generación lo hace aquí, en Italia, en EEUU y en China, porque tiene mucho que ver con la revolución tecnológica. Lo que sí es de aquí es la incapacidad de debatir, eso es algo muy nacional. Hay que luchar contra eso desde primaria, en la universidad se podría reaccionar a esa carencia si se trabajase desde primero hasta el final con más intensidad.

También propone prácticas proyectuales en sus clases, algo que no es muy habitual en asignaturas teóricas.

La teoría por la teoría es algo que respeto mucho pero yo vivo la investigación, que es algo que me encanta, siempre muy orientada a una aplicación. Hay profesores e intelectuales magníficos que tienen un objetivo más teórico, y es totalmente legítimo y necesario, pero por mi formación yo nunca he sido así. Intento que lo que los alumnos estudian en clase tenga una aplicación y puedan proponer soluciones a problemas que se planteen en la ciudad.

¿Cree que se aplica en esos proyectos la teoría que se da en clase?

No siempre, porque la teoría no es algo que encaje exactamente en la realidad. Tu puedes hablar de concepto como la ciudad jardín y realmente no lo encuentras materializado completamente, porque un modelo intelectual se deforma mucho en su materialización.

Yo creo que la teoría debe proveer de unas herramientas intelectuales, como crear una actitud frente a un problema. Pero la teoría se puede usar de maneras muy distintas y lo que creo que tiene que fomentar la universidad es ese paso entre teoría y práctica, que es un paso nada literal, es mucho más complejo.

Esto es algo que se intenta en la clase de Taller. ¿Cuál es su experiencia en esta asignatura?

Pues depende del año, del grupo… he tenido experiencias muy diversas. Algunas muy buenas y otras muy malas. Es muy difícil para mí generalizar pero hay un par de puntos muy claros, desde el punto de vista del profesor es muy importante estar en sintonía con el resto de profesores del taller, afortunadamente es posible hacerlo, pero no siempre es así, es algo muy difícil. No sé ¿cuál es la visión de los estudiantes sobre el taller?

También depende del taller.

Nosotros a veces tenemos la sensación de que los alumnos lo ven como un sucedáneo de la asignatura de Proyectos, como un proyecto menos importante. Y esa actitud se percibe por parte del estudiante. ¿Es así?

La importancia que le de cada uno depende de muchas cosas, es difícil generalizar, lo que sí puede suceder es que un taller en el que los profesores discrepen y no haya sintonía llega a amargar al alumno.

Pero nos ha sucedido en talleres en los que ha habido una sintonía total, en los que hemos hecho esfuerzos importantes incluso trayendo profesores de otras universidades y al final no creo que haya habido una respuesta del estudiante a todo eso.

Depende mucho del grupo de estudiantes, pero a veces he visto cierta apatía en el estudiante, a lo mejor el problema es nuestro por no saber transmitir entusiasmo. Porque los alumnos sois adultos y tenéis una responsabilidad, pero es tarea del profesor el dar ese entusiasmo por el trabajo.

¿Cree que esa falta de entusiasmo puede deberse al estado de la profesión?

Sí, en parte sí porque el panorama es desolador. Hace unas semanas me invitaron a Inglaterra a dar una charla y a la revisión de un fin de master, un master muy importante en el que el 98% de los alumnos encuentra trabajo en seis meses. Yo creo que el nivel de Sevilla es posiblemente superior al de esos trabajos y tristemente aquí el 98% no va a tener trabajo en seis meses.

En este país hay un fallo sistémico en cuestiones de empleo en el que todo el país está involucrado, empezando por el empresariado, que es la gran carencia, hay un empresariado que no valora la excelencia, que no valora la cualificación, que no valora los idiomas… un empresariado que busca una persona adocenada, que no proteste y que trabaje muchas horas por un sueldo muy bajo. Empezando por ahí y siguiendo por nosotros, y por las administraciones. La falta de entusiasmo no está en vosotros solamente, está en todos, es un fallo general de la sociedad. Esa falta de ilusión es muy mala y sobre todo para vosotros que estáis en una profesión creativa y dinámica que está basada en esa ilusión.

Las crisis no son eternas y quizá lo más terrible de una crisis es que genera ese pensamiento de crisis muy gris. Hay el pensamiento de que nunca va a pasar, de que va a ser para siempre, pero no lo es. La profesión cambiará, pero tenéis que estar ahí detectando cual será el área de oportunidad y agarrarse a la profesión con ilusión y ganas.

Precisamente los proyectos que se han hecho en su asignatura, y que luego se expusieron en el seminario “City as Found” tuvieron mucho éxito precisamente debido a que se buscaba una nueva forma de hacer ciudad y de proyectar. Hacíamos videos, panfletos, análisis diferentes que tienen más que ver con la situación actual. Luego cuando un profesor propone proyectar un rascacielos el alumno difícilmente puede creerse ese proyecto.

Pero eso demuestra que si hay sintonía y no caemos en la apatía hay una reacción genial, el resultado fue brillante. Detrás hubo una enorme cantidad de trabajo, por parte María Carrascal, que es becaria PIF, o Antonio Alanís,  que son víctimas de esto que está pasando, son profesores muy mal pagados y absolutamente brillantes con una gran ilusión que consiguieron hacer un seminario genial que dio a muchos alumnos la oportunidad de hablar en público. Estas cosas tienen un trabajo detrás muy grande, el que vosotros respondierais para nosotros fue fantástico.

El estudiante es muy generoso, suele empatizar, si tú invitas él acepta. Pero no pasa siempre y cuando un grupo no responde la frustración del profesor es tremenda, porque el contacto con el estudiante es lo mejor que tiene ser profesor de universidad. Yo siempre he animado a los alumnos a hacer tesis doctorales y entrar de profesor en la universidad, hoy en día es tan complicado que hace varios años que no se lo digo.

Ha dado clase en otros países.

Sí, circunstancialmente me suelen invitar el politécnico de Milán y la universidad de los Andes de Bogotá, en Latinoamérica en distintos sitios, aunque también en EEUU.

¿Cómo es la universidad en Latinoamérica?

Es más ideológica y más sociológica. Allí la realidad social es muy dura y la universidad pública está bañada de sociología, y eso que aquí intentamos dar un discurso sociológico de la arquitectura, pero allí mucho más. Se trabaja mucho en colaboración con las comunidades, con los vecinos, que es algo que también pasa en Inglaterra y aquí pasa muy poco. Allí es impensable dar una clase sin hablar antes con los vecinos de un barrio.

Luego en cambio aquí somos los mejores en tema de diseño y detalles constructivos. Hay un abismo con el resto del mundo, y es algo un poco decadente también, un refinamiento esteticista que en Latinoamérica es absolutamente secundario.

¿Y en Milán?

Allí es muy importante la representación, está mucho más cuidada que aquí. Pero los conocimientos constructivos son menores, aquí tenemos más herramientas para la materialización de un proyecto.

¿Qué espera de las nuevas generaciones de arquitectos?

Yo espero algo alucinante, una nueva década de 1920 o de 1960, dos décadas donde cambió el mundo. En la sociedad hay un deseo de rehacer la jerarquía de valores, de poner por delante otras formas de pensar y los arquitectos que están saliendo ahora son los que tienen que pensar como todo esto se lleva a la arquitectura y al urbanismo.

La modernidad como tal existía en la sociedad desde 1880 y los arquitectos no supieron plasmarla hasta los años 20. En los años 60 se rehízo toda la sociedad y los arquitectos también llevaron a cabo esas ideas. Yo espero eso de los estudiantes de ahora, es un poco duro decir que estáis en unos años muy buenos pero intelectualemente lo son.

Si esto ocurre, ¿cómo se va a adaptar su generación a ese cambio?

Ya deberíamos estar adaptándonos, de esto se debería estar hablando en la universidad. A veces alucino cuando entro en talleres y veo todavía proyectos de centros de interpretación o intercambiadores de transporte o rascacielos. Me estremezco, estamos enseñando todavía el mundo del pasado. Tenemos que traer nuevos temas a la universidad.

Hay veces que en una asignatura toca hacer un rascacielos y eso no hay forma de que parezca creíble, pero también da un poco de pena cuando todas las respuestas a un proyecto más acorde con la actualidad son huertos urbanos.

Sí, todos los arquitectos somos víctimas de las modas, pensamos que lo último determinará el futuro. Para nosotros lo último es muy importante pero para un ciudadano normal no. Pero para mí es mucho más interesante que en la universidad se propongan huertos urbanos a rascacielos.

¿Que nos puede decir del cambio que ha sufrido Sevilla en los últimos años?

A mí me encanta vivir en Sevilla, y eso que no sintonizo para nada con la supuesta Sevilla oficial, que además me molesta que se venda así, porque nos hace mucho daño. Sevilla es una ciudad mucho más compleja, mucho más múltiple, sino fuese así me asfixiaría vivir aquí. Pero Sevilla es una ciudad con un clima magnífico y una altísima calidad de vida, con un entorno espectacular, para darse cuenta de esto invito a la gente a vivir un tiempo fuera, en Houston o Berlín.

Vuestra generación tiene que enriquecer la imagen típica de Sevilla. Esta ciudad es mucho más, tiene algunos colectivos creativos de  los más importantes de España, un casco Norte maravilloso de convivencia de gente muy distinta, colectivos muy diversos. Todo esto Sevilla no lo vende y fuera de Sevilla no se sabe.

Además todo eso convive con la Sevilla más estereotipada.

Me parece fantástico que la Sevilla de la Alameda conviva con la Sevilla de la Semana Santa, recuerdo hace poco que en la cola de una copistería había un chaval con unas pintas muy alternativas, con rastas en el pelo, que iba en una bici muy vieja… y al sacar la cartera ese chico llevaba una estampita del Jesús del Gran Poder. Esto es hipermoderno, probablemente ese chaval sea una persona con un nivel de tolerancia sin límite. Me encantaría que Sevilla fuera capaz de trasladar eso fuera, no sólo Sevilla sino toda Andalucía.

Madrid si ha sabido vender bien ciertos barrios como Chueca o Malasaña.

Es que Madrid es una ciudad muy moderna, a nivel Europeo incluso. Porque es un lugar que no arrastra los estigma que tenemos aquí. También el ser capital de un país te da una proyección que no tiene Sevilla.

¿Qué tiene Sevilla en comparación con las otras ciudades en las que da clase?

El espacio público y el patrimonio de Sevilla son incomparables, es la típica ciudad que te hace feliz, cuando estás triste en tu casa una tarde y sales a dar un paseo es porque la ciudad te hace feliz. Esto es impensable en una ciudad como Houston. En Milán el gran problema es el clima, ya que tienen unos inviernos muy duros, aunque después en primavera se parezca más a Sevilla. Y Bogotá tiene un clima muy suave pero el problema es la inseguridad, que acaba con el espacio público.

La inseguridad y el mal clima mata el espacio público de una ciudad. En Sevilla tenemos muchísima suerte, en toda España en general.

Da un poco de pena que los jóvenes arquitectos nos tengamos que ir de España, porque esta calidad de vida difícilmente la tienen la mayoría de países.

Aquí hay una calidad de vida inmejorable y una cultura del ocio y del saber vivir muy desarrollada. Cuando sales de España muchas veces las ciudades te parecen un poquito más tristes, tienen que ser ciudades muy grandes para que no sientas esa tristeza, París o Londres son exepciones, pero si te vas a Burdeos la notas.

Pero no estoy de acuerdo en que os tengáis que ir fuera. Quizá si durante un período, pero yo creo que viviréis aquí, si no sería el derrumbe total del país, vosotros cambiaréis este país, estoy convencido.

Entrevistadores Álvaro Gutierrez – Paloma Melgar Fotografía Paloma Melgar

Comentarios

    • J. Antonio dice

      Por supuesto que si, quien si no los nuevos arquitectos va a cambiar la cara de este país.
      La ciudad de Sevilla debe y tiene que ser moderna y diferente y los futuros arquitectos tendréis gran parte de culpa y responsabilidad de ello.

  1. dice

    Interesante entrevista. Si me permitís una sugerencia para que no haya esa diferencia entre talleres entre debates muy buenos y muy malos, podríais probar a transvasar alumnos por invitacion sorpresa, como la vida misma. La energía de los grupos cambiará y entrenareis también asi la actitud ante el cambio y la incertidumbre. La timidez, al igual que la extroversión, es una preferencia de comportamiento que como tal se adapta en intensidad según el entorno y la permisividad a comportarse como uno es sin temor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *