David Moreno Rangel: “Hay que buscar una arquitectura distinta, aunque no se construya”

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Nos reunimos con David Moreno Rangel, arquitecto profesor de la ETSA. Hablamos con él de su experiencia en la escuela como estudiante y docente. De cómo se abre un arquitecto joven camino hacia grandes proyectos. De los Concursos ReTh!nking. De EhcoFab. De cómo se construye un arquitecto. Su currículum lo dice casi todo, lo demás nos lo cuenta él.

¿Por qué decidió estudiar arquitectura?

Siempre me gustaron las matemáticas, dibujo y la física y sobre todo crear, era muy creativo. Cuando estaba en BUP vine a arquitectura a una charla de difusión, una charla horrible, pero me gustó porque conocí una nueva arquitectura que no era la de mi entorno y a mí me interesaba buscar ese tipo de arquitectura. Yo lo tenía bastante claro, aunque muchas veces te metes por impulso, no sabes dónde te metes.

Si lo supiésemos no nos metíamos.

Hombre yo tengo un hermano que hace tres años tuvo que elegir carrera y aunque él quería estudiar arquitectura yo le aconsejé estudiar Ingeniería Civil, que arquitectura ahora mismo mejor no. Ahora mismo ser arquitecto es como ir a la guerra con el pecho descubierto, pero a los que nos enamora la arquitectura este tipo de problemas nos da exactamente igual. Hay una competencia brutal pero hay que saber reciclarse.

Además esa competencia la hay en todas las carreras.

¡En todas las carreras! Existe un pesimismo general entre los estudiantes, no veis ningún futuro cercano y eso es así si te arrastras por la corriente que hay pero si buscas la diferencia, que es lo que siempre digo en clase, si encuentras tu camino, ve a por todas. La gran ventaja que hay hoy en día es que hay muchos borregos, si uno se convierte en lobo se los come a todos. Es una gran ventaja, antes todos eran lobos. Diferenciarse hoy en día es muy fácil.

Y la diferencia puedes buscarla en cualquier sitio.

Exactamente, la diferencia no tiene por qué ser proyectar mejor que nadie, la diferencia puede ser haber viajado mucho, o cualquier cosa…

Al final nunca terminas de aprender, viendo una película o yendo de viaje estás aprendiendo. Un paseo puede ser una masterclass de arquitectura. El problema es la visión del arquitecto. Hay tantas cosas por investigar que para que tu proyecto sea más completo te tienes que fijar en muchas cosas que no es sólo la forma o disposición de elementos, sino materiales, texturas, colores, mobiliario, ambiente, olores… Todo esto te vapulea tu arquitectura y tienes que encontrar caminos.

¿Y puedes controlar todo eso?

Yo creo que es una cuestión de tiempo, cariño… al final son muchas horas trabajando. Pero hoy en día ser arquitecto es casi un hobby, será tu trabajo y profesión, pero o te gusta o no tienes salida, porque tienes que dedicar tantas horas que por mucho que te paguen no te recompensa a menos que te guste.

¿Se puede aprender a proyectar para competir con los mejores?

Cuando yo estaba en la carrera era muy malo proyectando. En primero tuve un 6, cuando uno entra y nadie te abre los ojos no puedes proyectar. Es muy difícil enseñar a proyectar porque al final proyectas con un bagaje que tienes en la cabeza. Mis primeros años hice unos proyectos malísimos pero de repente encontré mi camino, algo que me daba herramientas para hacer un proyecto de forma diferente. Y a mí eso me pasó con la asignatura de Composición arquitectónica con José Ramón Moreno y en proyectos con Pepe Morales, en tercero de carrera. Me di cuenta de que todos los grandes arquitectos son antes grandes pensadores de arquitectura y quería estudiar esas vías que ellos recorrían. A partir de esa interpretación de los proyectos es cuando te creas tu propia forma de pensar y di un cambio absoluto en mi forma de proyectar.

Aprendes a proponer arquitectura.

Claro yo antes hacía las cosas porque me gustaban así, y las correcciones las entendía como algo totalmente subjetivo ¿Por qué iba a ser la opinión del profesor mejor que la mía? Pero cuando pasas ese bagaje aprendes a proyectar.

¿Cómo se lo explica a sus alumnos?

Yo les digo a mis alumnos que a mí por ejemplo Frank Ghery no me gusta, pero es un arquitecto de los pies a la cabeza que hace buena arquitectura. Los proyectos buenos se ven, se notan y los que están basados en elementos superficiales también. Pero cuando de repente empiezas a ver que puedes proponer cosas alternativas, miradas diferentes, propuestas sobre ciclos de la arquitectura distintas, ahí entiendes que el proyecto sale diferente. A mí eso me pasó en tercero, en cuarto saqué muy buena nota, en quinto también y en el PFC saqué la mejor nota. Ese cambio a mí me ha demostrado que cualquier persona lo puede tener.

Cualquier persona con buena formación puede proyectar fantásticamente y hacer una arquitectura digna, que es algo que si miras alrededor no la encuentras, aunque el arquitecto gane mucho dinero. Prefiero ganar menos y que mi arquitectura sea digna, que te asombre, que sea anónima.

Y que deje contento al cliente también.

Eso es fundamental pero con cierta tensión. No todo debe ser dejar contento al cliente porque a veces propones arquitectura y el cliente no lo entiende. Debes saber vender pero también tensionar esa arquitectura.

¿Cómo afronta esa relación en sus inicios?

Cuando acabé tenía muy claro que quería tener mi estudio pero que no tenía ni idea. En quinto empecé mi primer máster sobre Patrimonio. Me aburrí mucho pero me abrió la cabeza, veía en aquella época que el futuro era la rehabilitación. Y tenía muy claro que tenía que empezar a trabajar en un buen estudio de arquitectura y conforme terminé el máster me llamó Antonio González Cordón para trabajar en su estudio.

¿Cómo fue el paso por ese estudio?

Con Antonio estuve un año. Me encargaba de hacer concursos exclusivamente, hice concursos con muy buenos resultados. Y aunque no estaba todo lo reconocido que debía, vi que valía para hacer concursos. Ya a raíz también de conseguir la beca de FPI decidí dejar de ser negro y montar mi estudio junto con la universidad. Empecé a ganar concursos y al año siguiente hacía concursos internacionales con gente de primer nivel. Tuve mucha suerte porque en todos los concursos conseguí reconocimiento, ya fuese ganándolos, siendo finalista o por un accésit.

Después te pega la bofetada la realidad. Recuerdo haber ganado un concurso muy importante, con unos honorarios como para jubilarme, con 25 años. Y recuerdo que me llamó la alcaldesa para decirme que habíamos ganado pero que yo era muy joven para hacer un proyecto tan importante y que necesitaban a un arquitecto de prestigio.

¿Entonces cómo puede un arquitecto llegar no sólo a ganar, sino a construir incluso esos concursos?

Te das cuenta de que con ganar un concurso no ganas nada, tienes que demostrar con un currículum que el promotor de ese concurso crea que puedes ejecutarlo. Necesitas llenarte de instrumentos para hacerte creíble. ¿Cómo? Desde lo más bajo, empezando por concursos pequeños y a partir de ahí ir escalando.

¿Cuándo vuelve la vista atrás cree que estaba preparado?

Por supuesto que no estaba preparado, me hubiese venido enormemente grande, hay una parte de razón en ese tipo de cosas. Es que si te equivocas rehabilitando un bien de interés nacional el daño es irrecuperable. Así que tienes que seguir formándote y nunca dejas de ser alumno.

¿Es usted alumno todavía?

Si me preguntas qué soy, lo primero que te digo es alumno, aunque también soy profesor, investigador y profesional, pero alumno lo primero. No dejo de formarme porque ahora te llega un cliente al que se le ha movido una montaña y a ver cómo lo arreglas. Yo estoy matriculado en Ingeniería civil porque hay una formación del suelo que los arquitectos no tenemos y es muy importante para que tu arquitectura no tenga problemas. Ese conocimiento te lo da la experiencia, el estudio y el equipo del que te rodeas, yo estoy con el mejor aparejador que hay en Andalucía, David Lugo.

Sí. En su estudio hay ingenieros, aparejadores, arquitectos y David Lugo además es su socio. Háblenos de la importancia de la relación Arquitecto – Aparejador – Ingeniero.

Yo empecé mi estudio con un compañero arquitecto y te das cuenta de que ese equipo hoy en día no vale, debe ser un equipo mucho más abierto. El máster de patrimonio me dio la posibilidad de conocer arqueólogos, restauradores, biólogos, geólogos… y claro, la visión de la arquitectura cuando le introduces el discurso de ellos es distinto, mucho más enriquecedor.

Los ingenieros tienen una visión tan cuadriculada que es que la necesitas, hasta para la gestión del estudio. Nos llevan una ventaja en la practicidad de hacer todo increíble. Llegan de A a B por un solo camino, el más eficiente.

A David Lugo lo conocí en un proyecto y a partir de ahí creas una relación, te das cuenta de que los arquitectos tenemos una falta de materialidad y de saber construcción tremenda y quien más saben son los aparejadores. Porque además saben medición y tienen en cuenta el aspecto económico y saben de control de obra. Si ya a eso le añades un aparejador que le gusta la arquitectura y lee revistas igual que yo es magnífico.

Además entre escuelas hay una disputa ridícula ahora.

Sí, qué más da cómo se llamen si al final lo importante es lo que cada uno sepa hacer. Es un rollo que vengan los ingenieros a quitarnos competencia pero si tú sabes hacer tu trabajo bien nadie te lo va a quitar. El problema es que si eres mediocre, se juntan los mediocres de arquitectura con los de ingeniería y entonces si son muchos para la misma tarta. Pero si eres el único capaz de hacer una cosa te van a llamar a ti.

No es tarea fácil.

No pero yo en mi estudio lo intento. Mira, yo no soy especialista en instalaciones, ni en estructuras, pero yo hago las instalaciones y las estructuras en mis proyectos, tampoco soy especialista en cimentación y estabilizo montañas. No soy especialista en diseño paramétrico pero tengo máquinas y sé usarlas. La arquitectura es una visión de tantos campos que o me manejo en todos o no entiendo la arquitectura. Si me especializo estoy adjetivando a la arquitectura y si la adjetivo no es buena arquitectura.

¿Cómo compagina la investigación y la profesión?

Recuerdo que José Ramón Moreno, mi director de tesis, me decía que dejase los concursos y me pusiera a investigar y dedicarme sólo a la escuela, pero yo no puedo. Entiendo que entre la escuela y la profesión hay una transversalidad y me gusta vivirla.

Los concursos te ayudan en la investigación y la investigación en los concursos.

Y no solamente eso. Yo empecé en el departamento de htca dando clase, estuve 4 años y me fui porque veía que necesitaba algo más de realidad, a veces pecamos de ser excesivamente teóricos y hay una parte pragmática que hay que contrarrestar. Se abrió una plaza en el departamento de construcción y la conseguí. Ahora estoy en proyectos de investigación que se basan en el número. ¿El concurso es importante? Es fundamental, pero el número hace que sea real. Es una balanza que hay que contrarrestar, hay especialistas en el número que no tienen la otra visión de la arquitectura y una cosa sin la otra no es arquitectura.  Mi actitud como arquitecto es continuamente contrarrestar.

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El equipo de Reth!nking Competitions en la presentación de los proyectos.

¿Cómo surge la idea de los concursos ReTh!nking?

Todo viene un poco de la visión del estudio para mí. La base de mi estudio es el Estudio Heliopausa, pero es el de los marrones, no el del diseño. Pero por otro lado hay una línea de investigación y concursos que es Estudio Ecotono. Y luego tengo Estudio Salmer que es una constructora. Luego está Ehcofab que es parametrización de arquitectura y prototipado a escala 1:1. Luego el campo de la investigación que mantengo al 80% en la escuela y 20% fuera.

Fue un día de crisis en el estudio, en el que tras acabar un concurso nos pusimos a buscar el siguiente y ninguno nos interesaba. Hago mucho concurso de arquitectura y hoy en día todavía hay mucha mano negra. No existen concursos que jueguen con la investigación, también los alumnos que salen tienen pocas posibilidades para demostrar su diferencia con los demás. Junto a arquitectos jóvenes que empiezan a trabajar conmigo empecé a buscar concursos para demostrar esa diferencia y nos dimos cuenta de que hay muy pocos concursos interesantes, en lugar de quejarnos pensamos crearlos nosotros, así es como nace ReTh!nking.

¿Que no se vayan a construir cree que ayuda?

Siempre he pensado que hay que buscar una arquitectura distinta, aunque de momento no se construya, que se plantee la diferencia. Cuando planteas un concurso para construir es diferente, hay una parte de libertad que se coarta. El problema es que todos los concursos se basan en un proyecto económico que es el de la burbuja. Intentamos producir un modelo de arquitectura diferente, para evitar probar con la realidad. Se hacen modelos de crecimiento que 20 años después te das cuenta de que es una mierda y ya es tarde porque está construido. El laboratorio no puede ser el territorio.

¿Cómo piensan los concursos que ofrecen en la web?

Lo que hicimos fue pensar vías de investigación. Arquitectura temporal, rehabilitación de centros urbanos obsoletos, rehabilitación estructurales, ¿qué pasaría si el dinero de un campo de fútbol en Brasil se gastase en unas favelas? Al final es un campo de experimentación y ha tenido muy buena aceptación.

¿Esperaba esta aceptación?

No. Pero para esto soy muy cauto, por un lado pongo toda la carne en el asador para difundirlo, pero por otra parte no pensaba que se fueran a presentar más de 30.

Se ha demostrado que había necesidad de ese tipo de concursos.

Claro. También es verdad que cuando se presentaron 219 en la primera creía que iba a morir de éxito. Porque yo no me presento a un concurso al que se van a presentar 200 personas.

¿Había nivel en los proyectos? Hay quien no se presenta por miedo a ese nivel tan alto.

Había mucho nivel, eso también me sorprendió. Pero de todas formas no estaba pensado para que hubiese un ganador. Si te presentas ya tienes un concurso de difusión internacional, donde se ha presentado gente de todos los países, con una exposición en una sede de dos semanas del 100% de los participantes, con un seminario sobre el concurso, donde se van a publicar en muchas revistas… Es que con el hecho de presentarte te devuelve un montón de cosas.

También propusieron que los concursantes mandasen videos de cómo proyectaban.

Sí, porque proponemos repensar, y repensar nos da igual tanto cómo lo plasme en un panel, como la forma en que llega a ese proyecto. Si estaban haciendo croquis, trabajando con imágenes, viendo vídeos… Y llegaron vídeos fantásticos en los que se veía el proceso de proyectos que es lo que interesa en el concurso.

Ganar el dinero es un premio más, pero eso no es el concurso, además de que tenemos muchas menciones de honor hemos conseguido una beca para el Máster de Arquitectura Avanzada de Valencia.

¿A qué cree que se debe este éxito?

A todo un poco, publicidad, ideas… La publicidad y la difusión han sido muy difíciles de conseguir, llamando a la puerta de todas las revistas. Sobre todo porque hacemos un esfuerzo en que todos los proyectos se difundan y conozcan, no sólo los 3 primeros. Entonces hay gente que quiere ser jurado y o difundirlos de alguna manera. Aun así es algo 100% autofinanciado, la inscripción de los concursantes se nos va el 95% en los premios, y tengo mucho miedo. Porque hay mucho esfuerzo no pagado detrás de que eso funcione, y eso tiene un límite. Somos tres trabajando mucho, estamos en fase de buscar una estabilidad en esta cosa, que es nuestra pero que es de todos un poco.

¿Qué diferencias muestran los concursantes entre cada concurso que proponen?

Hay temas que a la gente le cuesta. El de Tarifa sabíamos que iba a ser muy llamativo y más fácil. Por el espacio, el paisaje, el programa…

¿Y el actual? “Astronomy Center Redsand”

A este se han presentado unos 170 y se va a fallar esta semana. Y ha tenido buen éxito. Para mí más de 80 es llegar a tener éxito.

¿Hay mucha diferencia entre los concursantes?

Bueno, tenemos cerca de 1000 registros y cientos de visitas diarias a la web. Nuestro baremo de edad de los que se han presentado está entre los 25-26 años, incluso se ha presentado gente de 40 años. Pero al final los que ganan son los estudiantes y se demuestra que el nivel de los que salen es bueno, pero necesitan que alguien les dé la oportunidad de demostrarlo.

¿Cómo elige el jurado al ganador?

Hay un trabajo de investigación detrás de cada concurso para poder juzgarlo tremendo. Además hay que leerse los proyectos, que lo que más me sorprendió del jurado es que le dedicó mucho tiempo a estudiar todos los proyectos. Porque se los leyeron todos. Además sin cobrar un duro. Cuando vi que eran 200 proyectos creía que el jurado nos mataba.

Es un trabajo de semanas viendo proyectos. Todos puntuaron todos los proyectos y hubo un debate donde se demostró que los conocían. Tras esas puntuaciones se hizo un debate sobre los mejores que es el que te hace ver cuál de verdad es el mejor en general. Otra cosa es que te guste el ganador, pero eso depende de la visión particular del equipo que forma el jurado.

¿En qué va a cambiar o mejorar ReTh!nking?

Todavía hay que darles muchas vueltas. Es algo 100% autofinanciado, la inscripción de los concursantes se nos va el 95% en los premios, y tengo mucho miedo. Porque hay mucho esfuerzo no pagado detrás de que eso funcione, y eso tiene un límite. Somos tres trabajando mucho, estamos en fase de buscar una estabilidad en esta cosa, que es nuestra pero que es de todos un poco.

Nos hace falta ayuda. La exposición la montamos nosotros con amigos que ayudaron, pero con el tiempo no puedes tirar siempre de amigos para salir adelante. Hay que gestionarlo para que pueda durar hasta que ya no tenga sentido que exista porque el panorama haya cambiado.

¿Y qué es EhcoFab?

Esto surge igual que ReTh!inking. En una tarde de crisis en el estudio en la que vimos que era necesario el diseño paramétrico para nuestra arquitectura, que podíamos crear una arquitectura diferente. Propuse en la escuela usar el laboratorio para generar construcciones a escala 1:1, generar arquitectura, pero no pudo ser así que lo montamos nosotros. Tuve la suerte de contar con tres personas que estaban aquí y que querían montar algo así y allí están las 24 horas.

También está abierto al público, ¿verdad?

Sí. Entran muchos estudiantes que sacan allí sus piezas, artistas, ingenieros, algún carpintero que quiere hacer algo especial, o un grupo de medicina que quería imprimir en 3d un trabajo. Está abierto completamente al público, como la escuela, pero con una parte privada, mi estudio trabaja allí unas horas. Y viene gente de todo tipo. También hacemos formación allí para que la gente de verdad aprenda a proyectar con esos instrumentos. Un estudiante hizo un proyecto con un restaurante fantástico.

Este tipo de proyectos es difícil que te los acepten en un PFC, que todavía se hacen museos y centros de interpretación.

Todo es cuestión de plantearlo, a mí me viene alguien queriendo hacer un bar y le exijo mucho. Si profundizas en el proyecto de un bar hay mucho trabajo… ¿sabes lo que se tarda en diseñar una silla? Tú tienes que demostrar instalaciones, demostrar que sabes de estructuras, porque eres arquitecto, pero en un proyecto de este tipo puedes demostrar muchas cosas, de hecho más de las que se demuestran muchas veces con un bloque de viviendas. La escala 1:1 te hace ver los errores hasta en las cabezas de los tornillos.

¿Cómo ve a los alumnos en la escuela?

Es otro tema, de ahí surge también ReTh!nking. Cuando empecé a dar clase no se me reconocía como profesor porque tenía la edad de mis alumnos, era muy chico y me costaba hacerme respetar. Fueron unos años fantásticos pero en aquella época todos tus alumnos querían montar un estudio, y hoy en día me dicen….

Montar un bar

Sí, y esa posición es en la que intento, más allá de la asignatura que doy, de alguna manera ayudar a que el alumno tenga un poco de garra, porque ninguna asignatura es la más importante, lo más importante es lo que tú te vayas formando en la cabeza. Me encanta la enseñanza y le dedico muchísimas horas porque creo que los alumnos lo merecen. Y les exijo mucho también, más que nadie, y el mérito de que saquen buenos resultados es sólo suyo.

Sí, los alumnos de hoy no son más tontos que los de hace 20 años, si dan menos es porque les exigen menos.

Eso es un problema, no tanto del profesorado sino del sistema legislativo en el que estamos. ¿A cuántos profesores, de cualquier nivel de enseñanza les gusta su plan? A pocos, pero no les hacen caso. Aunque este plan tiene muchas ventajas, como la asignatura de taller, en la que veis todas las asignaturas en común, que antes no se veían juntas hasta el PFC.

Si os exigimos no es por lo que vais a hacer aquí, sino por lo que vayáis a hacer fuera. Si conseguimos los docentes que seáis un poco mejores entonces os coméis España, y España es de las mejores del mundo. Ahora se tiende a la mediocridad. Se prefieren muchos cincos a muchos suspensos y unos dieces. Y yo no quiero a todos de cinco, yo quiero a todos de dieces.

¿Merece la pena hacer un master o un doctorado?

Por supuesto que sí. Porque hay una madurez intelectual que no te la da otra cosa, a mí me ha ayudado mucho la tesis y no es muy arquitectónica. Y los masters cada uno en su medida, pero yo creo que sí, todo el que está en mi estudio está haciendo un master. Y yo he hecho tres y me he aburrido mucho, y creían que eran una pérdida de tiempo, pero cuando terminas has aprendido. Y sobre todo en cosas que no son del master, en una madurez que al final es lo más interesante de un master.

Su carrera siempre se ha desarrollado en Sevilla. ¿Lo ha buscado?

Buscado, perseguido, ansiado… Cuando terminé me ofrecieron una de las becas más prestigiosas para irme a NY, y me han ofrecido dar clases en muchos sitios de Europa incluso en Australia. Pero ¿yo qué hago en Australia? Habría tenido la vida profesional muy fácil fuera de Sevilla, pero siempre he querido estar en Sevilla, y tampoco es que me guste más que otra ciudad. Siempre he querido estar aquí por mi familia. Al final la arquitectura es muy importante en mi vida pero mi familia lo es más. Mi familia es mi vida y sin ella no quiero arquitectura.

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Entrevistadores Álvaro Gutiérrez  Fotografía Álvaro Gutiérrez

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