Javier Terrados Cepeda: “La intensidad en el trabajo es un gen de los arquitectos”

Nos reunimos con Javier Terrados en su estudio para conversar sobre arquitectura, sobre la escuela, la formación del arquitecto, Sevilla y los concursos Solar Decathlon. Busca siempre expresarse con la mayor claridad posible, matizando con palabras y gestos cada opinión. Continuamente acudía a su extensa biblioteca para enseñarnos proyectos, textos o incluso croquis que guarda de sus correcciones de proyectos.  

¿Cómo ve la carrera hoy en día?

Es verdad que los grados ahora, al tener menos años que las antiguas carreras, casi te incitan a tomar decisiones pronto para construirte tu propio camino, porque no es como antiguamente, una carrera larga y muy técnica de 8 años o más de media que te situaba automáticamente en una posición que la sociedad tenía delimitada para ti, dónde lo único que tenías es que decir dónde querías ejercerla, con un tipo de actividad muy delimitado.

En las carreras técnicas, sobre todo en arquitectura eso es muy pronunciado. No permanece el modelo de carreras muy selectivas, que habilitan a un cuerpo de técnicos de élite para construir edificios, puentes o carreteras. Cotos de muy difícil acceso, con muy pocas Escuelas en España, con alta exigencia, destinada a crear una élite con el trabajo asegurado. Ese modelo se ha ido deconstruyendo y hace mucho tiempo que se acabó. Entras en un tipo de mercado de trabajo difuso con la misma inseguridad que otras carreras y eso significa tomar muchas decisiones, desde el principio. Para los estudiantes es muy importante tomar conciencia de que hay que madurar pronto y tomar decisiones de cierta trascendencia casi desde el primer momento.

Esto es difícil escucharlo dentro de la escuela.

Porque existe la herencia recibida de la escuela de arquitectura clásica, donde tú entras para ser arquitecto como si el concepto fuera el mismo que hace un siglo, como si fuera el ejército, entras en el ejército y sales al ejército. Pero el concepto ha cambiado.

¿Qué es ahora?

Ahora es un grado que te habilita para tomar decisiones. En cierto modo se parece al modelo norteamericano, en el cual la carrera no es habilitante (allí por derecho y aquí de hecho), luego haces prácticas, masters, y sigues sin ser nada, tienes que entrar en un proceso de exámenes de estado para habilitarte. Impulsa también que la gente se integre en equipos. Es un proceso muy largo. Y yo creo que ya los estudiantes tenéis claro que es un recorrido que tiene sus elecciones pero en la conciencia colectiva todavía pervive esa idea antigua de la carrera.

Al final los años hacen justicia, antes la media de duración de la carrera era de 8-9 años y eso es lo que ahora puede tardar un estudiante entre que acaba la carrera, hace un master, se va un año fuera y vuelve y decide su futuro. Es un tiempo de aclaración personal de un tipo de profesional con responsabilidad que tiene su recorrido.

¿En qué es más difícil ahora la carrera?

La carrera es más difícil ahora por las circunstancias del mercado laboral, pero aunque hubiera un proceso desarrollista que demandara más técnicos, el modelo ya no es ese, cada uno tiene que construirse su perfil. Porque puede ser mucho más diverso que antes y la oportunidad de trabajo como arquitecto clásico individual es casi inexistente, existen otras. Es muy importante sacarle el jugo a la carrera por las oportunidades que te da, te abre visiones que otras carreras no te abren. También es importante pedir a los profesores a que den lo mejor de sí mismos para ayudaros en esa búsqueda. Y tener paciencia sobre todo.

Ahora hay cierto pesimismo general en la carrera.

Pero el pesimismo lo puedes plantar si te pones en relación con la visión antigua de la carrera. Si pensabas que entrabas en el cuerpo de élite con trabajo garantizado a los cinco años. Si te lo estas planteando así, es lógico que te desanimes, pero es que la visión tiene que cambiar. Hay que tomarlo con calma y verlo en positivo.

Hay un factor que nadie os puede quitar, que son las ganas, la juventud y que habéis crecido con unos medios tecnológicos, dentro de la sociedad del conocimiento, que os abren oportunidades insólitas hace muy poco. Tenéis más posibilidades por defecto, pero no podéis esperar que las cosas lleguen solas. Que es difícil, pero es que la sociedad en unos años dependerá de vosotros, la sociedad os tiene que demandar ser más creativos y más arriesgados.

Luego hay algo que hay que asumir. El territorio de actuación ya no es nacional. Ahora mismo es tan difícil ir a Berlín como hace 30 años ir a Barcelona, y antes a lo mejor te ibas a Barcelona y no pensabas que era un drama. Pero esto supongo que lo tenéis todos claro.

Sí, lo raro ahora es decir “me quedo en España”.

Yo estuve en excedencia de la docencia de la Escuela casi un par de años, entre 2010 y 2012, y al volver me incorporé a una clase que estaba acabando el curso, entonces pregunté para ver cómo estaba el ambiente cuántos pensaban que iban a tener que salir al extranjero y levantaron la mano todos menos dos, y esos dos es porque iban a probar a buscar algo antes de irse. En definitiva, en esos dos años se había generado una conciencia clara de que esto no iba a remontar y que había que tomar caminos nuevos.

Y aunque ahora repunte un poco la construcción, no será suficiente para absorber toda la fuerza de trabajo que generan las universidades. Además las universidades han cambiado el modelo, no están pensadas para producir estrictamente el número de técnicos necesario para el mercado de la producción arquitectónica.

Se produce en masa, y esa masa ya verá ella que hace después.

Digamos que se da un base formativa muy variada y se educa una visión “arquitectónica” de la vida y luego, o se acepta el reto de luchar en un terreno hipercompetitivo, como no lo hay en ninguna otra profesión, o se exploran otros caminos diferentes a los de la profesión convencional.

Muchos acaban diseñando ropa, o webs.

Y es que no pasa nada, varios profesores de la escuela fuimos de viaje en el 98 a Los Ángeles a ver viviendas unifamiliares. Toda la obra de Richard Neutra, Schindler, las Case Study Houses… un viaje muy bonito. Y una de las que vimos fue la casa Schnabel, que creo que pertenecía a un diplomático, y el dueño nos enseñó la casa y nos comentó que tenía un hijo arquitecto, que se dedicaba a lo que se dedicaban todos los arquitectos jóvenes de California en esos años, a diseñar entornos virtuales para juegos de ordenador.

El arquitecto joven californiano con plena naturalidad había asumido que en esa época empezaba el boom de los juegos y había una gran demanda y una gran oportunidad. También es el espíritu emprendedor americano, donde no hay nada preconcebido. Y su padre se sentía orgulloso de que hubiese dado con la tecla de lo que podía hacer.

Aquí nos resistimos un poco antes de coger otro camino.

Pero también está en vuestras generaciones la falta de prejuicios, nosotros tenemos otra carga, teníamos otra educación, otra visión de la sociedad incluso otras expectativas. Y vosotros conocéis más mundo, tenéis más información y posibilidades de relacionaros, tenéis la visión más abierta y tenéis que aprovecharlo. Todo esto es fácil decirlo, pero hacerlo sigue siendo difícil.

¿Y en todo esto la carrera como ayuda?

La carrera no debería perder una cuestión de carácter, que es un gen de los arquitectos, la intensidad. Todo lo que se hace se hace intensamente, con mucha implicación personal y de horas de dedicación. Normalmente el trabajo de un proyecto lo estimula porque se te pide que lo conozcas mejor que nadie para dar la mejor respuesta posible, una respuesta que el profesor también desconoce al principio y en cuyo proceso sólo actúa de fiel acompañante en el diálogo y en la crítica. Se te pide que empieces casi desde cero y presentes la mejor solución posible, la que nadie más puede hacer. Que te muestres tú con la suma de todas tus capacidades. Se te valora desde la perfección en el dibujo, a la corrección de las relaciones funcionales o la perfección en el trazado de una escalera. Desde la coherencia conceptual de partida hasta el interés cultural de las referencias utilizada o el atractivo formal de las plantas… Todo eso le da una intensidad al trabajo que otras carreras no la tienen.

Hace poco leía en un libro titulado “Educating Architects” que lo único en lo que se parecerán las escuelas de arquitectura del futuro será la intensidad con que los trabajos se plantean. Y a mí me gustaría que la escuela lo siguiera fomentando porque esa educación por la intensidad genera un entrenamiento muy útil para asumir tareas diferentes e innovadoras en el futuro.

Crea profesionales muy flexibles.

Una persona intensa en lo que hace y con cierta educación formal y técnica es muy maleable, muy utilizable para las distintas facetas de la actividad arquitectónica. Puedes acabar haciendo calificaciones energéticas, pero lo harás mejor y con más criterio que cualquier otro.

Es muy interesante como resultado de la educación esa flexibilidad que te da esta carrera, ese panorama de conocimientos tan amplio unido a la intensidad te puede permitir hacer quiebros para encontrar tu sitio. Por eso los profesores tienen que tener también la responsabilidad de ser ellos mismos intensos.

Suele coincidir la respuesta del alumno en intensidad con la del profesor.

Sí, además los profesores tienen que asumir el reto de decirle a sus alumnos las cosas como son, de decirle a quien no lo hace bien o no tiene aptitudes las cosas a la cara. Hay que hacer a la gente ser consciente de sus limitaciones para que puedan compensarlas, para que la tengan en cuenta en sus elecciones personales.

Es responsabilidad también de la universidad, el profesor tiene que tener criterio, eso es muy importante. Eso sumado a asumir el reto de la intensidad, el alumno deposita en ti muchas cosas y hay que hacer un esfuerzo. El alumno también debe asumir que no puede haber aprobados generales, que hay que decir las cosas como son.

¿Qué pide a sus alumnos en los Proyectos Fin de Carrera (PFC)?

Se relaciona un poco con lo que hemos dicho antes, qué era el fin de carrera, qué aspira a ser ahora y cuál es la mezcla entre una cosa y otra. ¿Por qué una carrera tiene proyecto fin de carrera? Vamos 60 años atrás, es una carrera habilitante, creada por el estado para dar permiso y responsabilidad civil a una persona. El PFC era la prueba de que cuando alguien fuese a hacer el edificio no iba a meter la pata, un simulacro de una intervención arquitectónica. Esa es una aspiración que debe cumplir. Con el tiempo ha derivado a otra cosa, con más participación del alumno, que elige su tema, entonces también se pide un ejercicio de investigación. Son dos modelos, dos modelos que en cierto modo pueden colisionar.

¿En qué colisionan?

Por ejemplo se reduce el número de planos a entregar para potenciar el modelo de arquitectura avanzada de investigación, pero el modelo profesional habilitante se debilita levemente. Es un ejercicio complejo porque se le piden las dos cosas al alumno. Buscamos un equilibrio para que el alumno demuestre todo lo que sabe tanto de investigación como de cálculo. En ese equilibrio es difícil a veces ser justo, porque hay proyectos muy buenos de investigación en los que no somos tan exigentes en la parte técnica o proyectos que son muy rutinarios pero están resueltos formal y técnicamente muy bien, porque es un modelo mixto. ¿Qué pido? Intensidad en el trabajo.

¿A qué debe aspirar la arquitectura?

Yo tengo una visión que a muchos les parece antigua: para mí la arquitectura no debe perder su aspiración de arte. He sido categórico cuando lo he dicho: en el diccionario la palabra arquitectura viene asociada a la palabra arte. Y el arte tiene sus reglas: aptitudes, sensibilidad, intensidad, dedicación y, por supuesto, preparación técnica. No todos los arquitectos son realmente artistas, pero deben aplicarse al menos a aspirar a serlo. Hay demasiados problemas arquitectónicos en nuestras ciudades para que se resuelvan sólo con verdaderos artistas, pero me gustaría insistir (y una y otra vez recibo críticas por ello) en que la aspiración de la arquitectura debe ser ofrecer las cualidades del arte. Palladio, Brunelleschi y Le Corbusier eran artistas.

Esto es difícil de asumir en una profesión tan técnica.

Sí pero también el que hace una escultura sabe de mármol. Ciertamente nuestra profesión es mucho más compleja, pero en el fondo se trata de habilidades y actitudes muy cercanas a las del arte. Esto es un arte, e independientemente hay que saber la técnica, pero esto es un arte.

El conjunto de capacidades que pones en servicio de la arquitectura se parece mucho a las del arte: creatividad, síntesis, estética, visión espacial, gusto… dime si no es arte. Esto implica una responsabilidad mayúscula para los profesores de Proyectos, que debe estar a la altura del reto, a la altura de una asignatura muy especial en la docencia de la Arquitectura.

Desde el 2010 se implanta en la ETSAS la asignatura de Taller. En la que el proyecto es guiado por diferentes profesores de todos los departamentos. ¿Cuál es su experiencia con ella?

Es muy difícil ver esa asignatura en otras escuelas de arquitectura, en otras puede haber al final de carrera algún tipo de asignatura que integre a varios departamentos. Extendida a todos los cursos no la he visto en ningún otro sitio. Me pregunto si es por algo. Porque la función de síntesis ya se hace en la asignatura de Proyectos, es donde el alumno integra sus conocimientos en sus proyectos y un tipo de profesor con un perfil muy característico, con reconocida trayectoria como proyectista, ayuda en esa tarea. El resto de tiempo del alumno creo que no debe estar disperso, debe dedicarse a asimilar el resto de las materias de la profesión de arquitecto que se necesitan en esa síntesis. Hacer un big bang con la asignatura de Proyectos y extenderla al taller y a otras asignaturas en mi opinión no beneficia a la escuela. Este planteamiento no es compartido por los que tuvieron la responsabilidad de trazar el Plan actual pero no por ello voy a renunciar a lo que mi propia experiencia como profesor, desde el año 88, me ha ido mostrando.

Usted acaba la carrera cuando Sevilla se prepara para la Expo.

Como ciudad nosotros vivimos la transformación de la Expo que fue un cambio brutal para la ciudad. No tanto como arquitectura, que también, sino por infraestructuras. A la Expo se le puede achacar que ese barrio que se creó, además en un lugar privilegiado, sea un barrio especializado, un parque tecnológico sin viviendas que no está integrado con la ciudad. Tal vez un modelo mixto habría generado un lugar más interesante para la ciudad en esa zona tan privilegiada. Sevilla en general es una ciudad con unas cualidades muy singulares e inmejorables.

Se le achaca a veces cierto carácter inmovilista.

Sí es una ciudad a la que le cuesta asumir la arquitectura contemporánea con naturalidad, a raíz de la expo aparecen piezas singulares pero no se generan tejidos de arquitectura moderna que la ciudad asuma con naturalidad.

Un caso sonado fue el rechazo a la biblioteca de Zaha Hadid.

En estos casos yo habría planteado más debates. Hay cierta confusión a la hora de generar criterios, cuando se hace la torre Pelli, por ejemplo, se establece el debate de la modernidad contra la caverna, pero eso es eludir el debate, una torre puede ser muy antigua, ¿es lo más sostenible, lo más moderno o lo más sensato hacer un edificio de esa altura ahí? Se confunden las discusiones, los que podemos ser críticos con esas operaciones en ese caso no somos antiguos, estamos diciendo que son operaciones antiguas porque proceden de otras razones de ser. Esa torre no es lo más adecuado ni lo más sostenible en un sitio donde sobra espacio, esto no es Manhattan. Se hace una torre como símbolo del poder económico de Andalucía. Esto es un criterio que no tiene nada que ver con la arquitectura y el debate debería estar en los criterios urbanísticos y arquitectónicos. Al final se produce cierta justicia poética, la gran caja de Andalucía no es viable y al final la torre pasa a ser un símbolo de poder económico catalán.

¿Es tarde para la cartuja?

Pues depende de la ambición de la ciudad, nadie ha planteado nunca un concurso de ideas para buscar opciones para la cartuja. Si un poder público se lo tomara en serio y pusiera a los arquitectos a trabajar…

Estos problemas en la escuela se tratan todos los años, se buscan soluciones para todos los problemas de Sevilla.

Nosotros desarrollamos en  quinto un ejercicio buscando alternativas a la torre y los alumnos se enrollaron con treinta posibilidades para esa zona de la cartuja mucho más interesantes que una torre para una ciudad.

¿No se podría aprovechar todo ese trabajo? Enseñar a los ciudadanos lo que su ciudad podría ser para que elijan de algún modo.

Eso se ha intentado algunas veces. Pero el día a día come a la escuela, los cursos acaban y empiezan muy rápido, no estaría mal tener objetivos plurianuales en la escuela. La escuela puede tener su devenir rutinario anual pero al mismo tiempo podría organizar, tal vez bianualmente, una exposición con una selección de los mejores trabajos, una jornada de arquitectura, escuela y ciudad.

El problema es que el día a día se come a la escuela, yo estoy en junta de escuela y todo el tiempo se nos va en cuestiones administrativas. Habría que tener cierta valentía para llegar algo tarde a los temas administrativos pero ser puntuales con los temas puros de docencia y del rumbo conceptual de la escuela. El día a día no puede anular al pensamiento.

¿No ha habido oportunidades para llevar estas jornadas a cabo?

A mi juicio la semana cultural es una oportunidad perdida para hacer este tipo de actividades. Si la escuela determina una semana blanca es una ocasión de oro para hacer otra cosa que  traer a arquitectos que puedes ver en YouTube y que no vaya casi nadie a su conferencia. Se podría hacer una selección de trabajos, exponerlos e invitar a toda la fuerza viva de la ciudad a conocer la escuela de arquitectura y a debatir. Y verás cómo se llena la escuela.

Nos solemos quejar de que la ciudadanía no sabe lo que podemos aportar los arquitectos, pero nos falta esa labor pedagógica.

Si le enseñas los productos de la escuela a Sevilla ¡la gente va a flipar! No nos valoramos, pero todo lo que nos enseña la escuela, cuando tú lo vuelves a la gente es muy fácil generar admiración. A poco que aprendas ya eres capaz de devolver a la gente mucho más de lo que la gente espera

Hablemos de la arquitectura efímera. Empieza la investigación con una vivienda para temporeros.

Sí, esta se puede contar como proyecto, pero a mí me gusta contarlo como lo que para mí significa la investigación en arquitectura. Ahora los temas de investigación están muy reglados por el sistema científico, por un protocolo muy reglado de la universidad, que te pide escribir artículos en revistas técnicas como mérito. Pero entiendo que la investigación, sobre todo en los profesores de proyectos, tiene que estar muy vinculada al proyecto y a la construcción de una obra de arquitectura.

También se relaciona con los proyectos con los que trabajaba en aquél momento, donde estaba construyendo viviendas con la construcción ligera, y empecé a dar vueltas a la idea de generar un proceso de investigación con este tipo de construcción, con arquitectura que se construyese como quien atornilla un mueble y que eso tuviese una utilidad social.

¿Cómo pasa de la investigación teórica a la construcción?

Empecé a investigar y a hacer concursos sobre construcciones ligeras, gané algunos y con el tiempo pude optar a una subvención de la consejería donde en lugar de pedir el dinero para investigar lo pedí para construir esa arquitectura. Con ese dinero de la subvención más parte que puse yo, porque la subvención no llegaba, toda la investigación teórica podría testearse en la realidad. Entonces con la ayuda del ayuntamiento de Cartaya, que cedió algo de fondos y el lugar cercano a donde viven los temporeros, pudimos construir una vivienda temporal. La vivienda se compone por una serie de muebles con los que puedes crear diferentes composiciones atornillándolos.

¿La usaron los temporeros?

Ocurrió una cosa muy curiosa, la hicimos demasiado “pija” para que gustase más al ayuntamiento y que la gente lo visitara. Entonces la oficina de los temporeros la vio demasiado privilegio y pensaron que podía crear ciertas tensiones y que podría ser usado por los monitores que iban temporalmente a dar clases. Después con la crisis dejaron de ir temporeros.

Tuvo mucha repercusión el proyecto.

Sí, se publicó en bastantes sitios, incluso fue contraportada de El País, fue muy sonado. Cuando llegaron los concursos Solar Decathlon a España, en 2010 el primero, un año y medio antes la Consejería de Obras Públicas, que había financiado el proyecto anterior, contactó conmigo ya que conocía el proyecto y pensaron que la única oportunidad de hacer algo andaluz en Solar Decathlon era que la ETSAS reciclara esta experiencia. Teníamos muy poco tiempo e hicimos algo muy parecido a este, luego dos años después hicimos uno mucho más preparado para competir.

El famoso proyecto Patio 2.12.

Sí, quedamos segundos a muy pocos puntos del primero. Eso ha generado una dinámica de investigación y una sinergia que empezó con una persona y sus colaboradores, luego con la ETSAS y posteriormente tres escuelas de arquitectura de Andalucía involucradas en Patio 2.12.

El proyecto Patio 2.12 está en Málaga reconstruido como laboratorio, los profesores de Málaga han conseguido proyectos de investigación financiados para este tema, los de Sevilla también, se ha generado un árbol de experiencia bastante colectivo e interesante. Es un logro de todos y me duele que haya gente que, por motivos que desconozco, insinúe, incluso en un Salón de Actos, que estos primeros Solar Decathlon no eran cosa de la universidad. ¿De dónde sería entonces unas actividades en las que en conjunto trabajaron más de cien alumnos y cuarenta profesores?

Un equipo tan grande y tan especializado, con un trabajo técnico muy minucioso por delante ¿cómo se puede dirigir?

Claro, la técnica era muy importante porque el jurado iba a evaluarte a nivel top de eficiencia y tiene que responder. Debe ser una casa con lo máximo posible en eficiencia energética, sistemas pasivos e incluso domótica, con lo cual tienes que coordinar un equipo de un montón de gente, 40 profesores implicados sólo en la ETSAS, junto con lo más selecto de las otras escuelas.

¿Cuánto cuesta construir esta casa?

Bueno, primero conseguimos una cosa un poco insólita, que es que la casa se construyese  a coste cero, gracias a patrocinadores exclusivamente, 60 empresas privadas. En el mercado este prototipo saldría caro, costaría unos 200.000 €, pero este es un Mercedes, funciona como un reloj, produce cuatro veces la energía que consume, tiene un efecto botijo, las lamas del patio van cambiando conforme a las estaciones…

¿Se puede hacer un prototipo más barato?

Sí, hemos desarrollado eso precisamente en otro proyecto de investigación, el proyecto SIVER, donde hemos desarrollado un prototipo como este más barato para entornos turísticos por unos 1.000 €/m2, que está muy bien.

¿Qué usos le ve a este tipo de arquitectura?

Esta directamente trasladada a otro sitio tendría sentido para entornos turísticos, en espacios protegidos donde no dejaríamos huella al quitarlos, como arquitectura autosuficiente además.

Se podría aplicar a VPO con otras formas, con componentes modulares volumétricos prefabricados, construyendo viviendas en serie. En España no es el momento porque no se produce vivienda, pero para países que necesiten una producción de vivienda barata está muy bien.

La vivienda de emergencia que también se ha desarrollado en el Proyecto SIVER, para países en los que haya ocurrido una catástrofe, tiene la variante de que no puedes enviarlos en módulos construidos porque ocupan mucho espacio, sino desmontadas en sistemas 2D con sistemas rápidos de montaje.

Básicamente investigamos un tipo de arquitectura que tenga como criterio de eficiencia la ligereza y la optimización del material y el territorio.

¿Cree que tiene futuro aquí en España?

Ha sido muy famosa la pregunta de Fuller a Foster de ¿Cuánto pesa su edificio? La pregunta venía a llamar la atención de que la arquitectura muchas veces está preocupada de cuanto aguanta pero no de cuanto material consume, entonces hay una relación entre el consumo material y la optimización de la estructura. Si hago construcciones optimizadas mediante la construcción en taller genero menos residuo.

Probablemente en el futuro será un índice de sostenibilidad, estará tasado el material que consumes y hacia dónde lo reciclas después. Si te planteas esos criterios te sitúas en un territorio con cierto futuro. Puede parecer incompatible con los valores clásicos de la arquitectura del peso y la permanencia, pero la arquitectura es una mezcla de ambas cosas. Es un territorio en el que se debe avanzar y que no invalida las construcciones pesadas de larga permanencia. Estamos en una situación de crisis energética con la que debemos convivir y nuestras decisiones tienen que ir vinculadas a la eficiencia.

¿Alguna desventaja que le vea a estos proyectos?

Que puede hacernos perder la perspectiva sobre una cuestión inevitable de la arquitectura que es la relación con el Genius loci de su ubicación. Hace unos días citaba en clase a Norberg-Schulz, su idea es básicamente que la arquitectura es el “arte del lugar”, que sin el lugar no tiene sentido. Entonces cualquier entendimiento de la arquitectura como producto transportable entra en colisión con la arquitectura del lugar. Hay una reflexión que hacer sobre qué significan los medios tecnológicos y la relación con nuestro medio físico. Es un asunto que me intriga ¿Puede ser la arquitectura efímera una arquitectura del lugar?

Claro, Patio 2.12 es un proyecto muy andaluz pero quizá en Suecia no tendría sentido, no funcionaría bien.

Efectivamente, esto es una arquitectura prefabricada de “no-lugar” pero que procede de una cultura de habitar concreta y que tal vez en Suecia no tendría sentido. A los participantes del Solar Decathlon colombiano actual les sucede un fenómeno muy curioso, que los antiguos han sido en Madrid o Washington, donde tienen unas relaciones con el clima parecidas a las que estamos acostumbrados, hay estaciones, frío y calor, y la arquitectura se relaciona con estas estaciones. Y el siguiente es en Colombia, y en Medellín no hay estaciones, durante todo el año el clima es muy parecido, con lo cual todo nuestro paradigma con los sistemas pasivos se deshace. La casa Patio 2.12 no tiene sentido en Cali. Al final resulta que la arquitectura prefabricada tiene que reconocer de alguna manera el lugar.

¿Qué busca en un currículum?

Normalmente suelo guiarme por conocimiento personal, por gente que me recomienda otro conocido. Lo que pido, lo que busco es intensidad. Luego me gusta que sea gente con cierto bagaje técnico también, es importante en un estudio tener gente que pueda cambiar de registro.

¿Y a la hora de trabajar?

Intensidad. Creerte lo que haces y hacerlo como si fuera tuyo, tomártelo muy en serio.

Entrevistador Álvaro Gutiérrez  Fotografía Álvaro Gutiérrez

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Comentarios

  1. Juan dice

    Es interesante leer de un profesional de la arquitectura que el arquitecto no es el de antes y, o te creas y auto-construyes o quizás sólo te quedes con el título.

    El pesimismo, se anula con ganas y juventud.

  2. Alberto. dice

    Me ha gustado muchísimo la parte en la que habla de la función de las escuelas de arquitectura hoy en día. Los estudiantes tenemos que tomar decisiones y tener en mente una formación a largo plazo.

    Pero me he quedado con ganas de que hubiese hablado más de su obra como profesional. Aun así la entrevista me ha gustado mucho.

    • entrevistarq dice

      Cada vez que pienso en esta entrevista pienso eso mismo, que me faltó preguntarle más por su obra. En general, en todas las entrevistas se quedan temas en el tintero, es algo normal, propio del género.

      Y eso que en esta estuvimos casi tres horas hablando, una de las entrevistas más largas que he hecho. Una conversación muy agradable, además.

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