Juan Luis Trillo de Leyva: “El buen arquitecto convierte en excepcional un encargo ordinario”

entrevista a Juan Luis Trillo de Leyva

Juan Luis Trillo es catedrático de Proyectos en la ETSA de Sevilla.  Nos cuenta que eligió la profesión que le ha permitido mantener una amplia gama de actividades que van desde la construcción, la enseñanza, la investigación, la escritura, etc. Para demostrar que ha desarrollado con intensidad esas actividades están sus obras, sus libros y muchos alumnos que recuerdan con aprecio sus clases. 

¿Cuál fue su primer contacto con la arquitectura?

Lo he escrito alguna vez, mi relación con la arquitectura comienza con mi nacimiento en una casa palacio, arruinada y transformada en casa de vecinos en el centro de Sevilla. Recuerdo un patio de columnas de mármol y capiteles jónicos, con habitaciones de ángeles blanqueados en los rincones. Mis juegos de la infancia tenían las columnas como referencia y como lugar las amplias galerías tras los arcos del patio. Luego supe y comprobé que aquella casa estuvo catalogada en “Arquitectura civil sevillana”, catálogo realizado por Luis Gómez Estern cuando era arquitecto municipal de la ciudad y publicado mucho más tarde por el Ayuntamiento de Sevilla. Catalogación que no detuvo su derribo a principios de los años sesenta y su sustitución por un edificio indigno. Los vecinos de entonces decían que aquel edificio del siglo XVII de dos plantas con claustro y capilla había sido en otros tiempos Palacio Arzobispal de Sevilla.

En la decisión de estudiar arquitectura intervinieron otros muchos factores, quizás el principal fue mi admiración por mi hermano Manuel Trillo y la atracción que sentía cada vez que lo veía dibujar estatuas, hacer maquetas y “lavados” que parecían copias fotográficas. A pesar de todo cuando llegó el momento de elegir dude entre estudiar Literatura o Ingeniería. Era el año 1965 y aunque estaba previsto que la escuela de Ingeniería Industrial comenzara ese año no lo hizo y se desplazó  su inauguración al curso siguiente, lo que me llevó a matricularme provisionalmente en Arquitectura con la intención de trasladarme luego a la nueva Escuela de Ingenieros. Mi primer año como estudiante de arquitectura fue tan fascinante que no encontré razón para realizar el traslado previsto.

¿Cómo recuerda su paso por la carrera y sus inicios como arquitecto?

El primer año en la Escuela de Arquitectura estuvo tan lleno de emociones y con tantas actividades que ahora dudo que aquello durara sólo un año. Por consejo de mi hermano Manuel me apunté para “sacar” dibujo de primero en la academia de Francisco Peláez. Allí encontré al pintor Roberto Reina, que con cinco años más que yo no sólo me enseñó lo suficiente para aprobar Dibujo sino que me introdujo en una vida artística plena de acontecimientos. Roberto había estado a punto de aceptar una oferta como actor en una compañía en Madrid y participaba en recitales y en la puesta en escena de obras clásicas. En esas reuniones conocí a jóvenes músicos, actores, pintores, escritores; que en aquellos momentos trataban de eludir la presión de la dictadura. Mi mayor aportación al grupo fue la redacción de notas de prensa tras alguna representación teatral o inauguración de exposiciones de pintura, notas que enviadas a todos los periódicos sevillanos raramente eran publicadas.

En la academia de Peláez conocí también a Antonio Martínez García con quién inicié la carrera de Arquitectura y durante los cincuenta años posteriores hemos compartido casi todos los proyectos y obras en que he intervenido.

Cuando estaba en segundo, o tercero, no recuerdo bien, se produjo el traslado de la Escuela del Pabellón de Brasil a la avenida Reina Mercedes. Al año siguiente sucedieron muchos acontecimientos represivos  que están contados en el libro De Memoria, Orígenes de la Escuela de Arquitectura de Sevilla.

Terminé el proyecto fin de carrera en noviembre de 1971, aunque quizás deba decir antes que durante mis tres últimos años de escuela trabajé como delineante, calculista y proyectista en el estudio de OTAISA. Eso permitió que permaneciera allí como arquitecto. En los primeros años compaginé con la actividad profesional el cargo de secretario en la Delegación de Sevilla del Colegio de Arquitectos, la enseñanza de proyectos, reclamado en el año 1972 por el profesor José Garrido, y la beca Juan March, junto con la frecuente asistencia a reuniones clandestinas que precedieron a la muerte de Franco. Creo ahora que la diversidad de actividades de aquellos primeros años condicionó mi desarrollo profesional posterior.

Durante esos años, ¿quiénes fueron sus maestros, quién le influyó más?

No sé si en mi caso debería de hablarse de “maestros”, no obstante mis referencias desde el punto de vista internacional fueron las que compartí con mi generación: Le Corbusier, Mies y Kahn; luego conocimos personalmente y admiramos a Rossi, Távora y Siza. En un entorno más local hubo dos personas que fueron importantes tanto por mi proximidad a ellos como por su papel en la arquitectura sevillana del siglo XX, me refiero a Manuel Trillo y a Felipe Medina.

Es posible que estas referencias no estén completas si no menciono la influencia en mí de dos grandes arquitectos y profesores nacionales, Antonio Fernández Alba y Juan Navarro Baldeweg. Con ambos he tenido la oportunidad de compartir profesión y amistad.

Otros “maestros” han sido los estudiantes, de ellos he aprendido casi todo lo que sé y aún continúan enseñándome tantas cosas que temo quedar huérfano cuando llegue mi próxima jubilación. Desconozco las influencias concretas que me dejaron cada uno de estos “maestros”, sólo puedo asegurar que a todos los quiero y admiro.

¿Qué inquietudes respecto a la arquitectura tenía cuando empezaba su carrera, han ido cambiando con el paso de los años o han persistido?

Difícilmente hubiera podido tener inquietudes precisas tras mi incierta vocación inicial, quizás era muy atractiva para mí la actividad multidisciplinar que parecía caracterizar la enseñanza y la profesión de arquitectura. Ahora puedo asegurar que elegí la profesión que más se adaptaba a mis ilusiones y aptitudes, la que me ha permitido mantener una amplia gama de actividades que van desde la construcción, la enseñanza, la investigación, la escritura… Si no fuera porque puedo molestar a otros profesionales me atrevería a decir que la arquitectura es la mejor actividad posible.

Con el paso del tiempo parece haberse sedimentado en mí la dimensión como profesor, al menos en la consideración de mis compañeros, pero siempre me he considerado un profesional que trata de transmitir sus experiencias en la universidad y que disfruta con todo lo que hace.

En su carrera ha visto venir y pasar muchas modas en la arquitectura, ¿cree que estamos ante un cambio de paradigma como muchos defienden?

Es una forma elegante de aludir a mi avanzada edad. Hace ya muchos años escribí un artículo que se refería al número de tendencias arquitectónicas que se han sucedido en la segunda mitad del siglo XX, dentro de la llamada crisis de la modernidad. Desde la “Metodología del Diseño”, amparada en los avances de los ordenadores a finales de los sesenta a la “Postmodernidad” que comenzó en América con un artículo del crítico Charles Jenks y dos libros de Robert Venturi, y se extendió rápidamente por Europa afectando incluso a la monolítica obra de Aldo Rossi. Tampoco debemos olvidar el “Análisis Urbano”, iniciado en la IUAV veneciana  a través de las investigaciones de los profesores Muratori y Cannigia, influidos por movimientos culturales más generales como el estructuralismo y la reflexión semántica de la época. Quizás estos tres movimientos fueron los principales y los que más influencia tuvieron en la enseñanza de la arquitectura, el resto fueron modas que o duraron poco o no influyeron de forma generalizada en la arquitectura, o ambas cosas a la vez.

No me gusta utilizar términos lingüísticos de moda como “paradigma” pero creo que en arquitectura está todo por hacer y que los próximos años serán apasionantes.

¿Qué cree que supone este cambio? ¿Cómo deberían afrontarlo los jóvenes arquitectos?

La permanente crisis económica ha producido en la arquitectura, aparte de evidentes síntomas negativos, una cordura que no ha existido en el desarrollo de todo el siglo XX en el que hemos trabajado, incluidos los maestros y los autores de manifiestos, en la construcción de una arquitectura “ex novo”. Ahora el concepto de reciclaje también alcanza a la producción arquitectónica y ello nos obliga a hacer intervenciones más racionales desde el punto de vista de su viabilidad. Los avances que se han producido en las intervenciones patrimoniales pueden ahora extenderse a todo tipo de proyecto.

Quizá merezca ser citado el “problema de la vivienda” que tras un fuerte desarrollo y avance en el periodo de entreguerras del siglo pasado se ha inmovilizado durante más de ochenta años. Será misión de los próximos años compatibilizar, desde el punto de vista del proyecto arquitectónico, el espacio de la vivienda colectiva con los grandes avances técnicos que se han sucedido desde mediados del siglo XX.

Creo que los jóvenes arquitectos deben convencerse que son ellos los protagonistas de la historia futura y que no sólo pueden sino que deben cambiar la situación actual. Todo menos quejarse sin actuar, en la acción está el cambio. Sé que no es fácil, como tampoco lo tuvieron fácil los pioneros de la modernidad, recordemos los años de Adolf Loos en América en un tiempo en el que ni siquiera era arquitecto o los desplazamientos que produjo la Segunda Guerra Mundial, estoy pensando en Marcel Breuer. De hecho, en este momento tengo contacto con arquitectos valiosísimos que fueron alumnos míos y que desarrollan una magnífica labor en diferentes continentes del mundo.

Creo recordar que en clase nos dijo que veía la belleza en la arquitectura en “aquello que estaba resuelto con inteligencia”. ¿Cómo definiría la arquitectura?

No me atrevería a definir nada y mucho menos la arquitectura. Los que osan hacerlo, incluido Le Corbusier, terminan aportando a la posteridad una frase cursi que en nada favorece a la profesión. La arquitectura es un trabajo esencial, tan antiguo como la prostitución, una labor que se justifica en sí misma, una especie de servicio a la comunidad. La arquitectura se produce en el espacio y en el tiempo, y es con ambos conceptos con los que se teje cada proyecto. Una especie de poética aplicada que, como todo, se desarrolla y aprende con su práctica.

Estoy seguro de haber dicho esto que menciona, el reconocimiento de la inteligencia de los otros es uno de los placeres de la vida, sólo los necios no comprenden esto. No creo que tenga nada que ver con la clásica división española entre personas de letra y de ciencia. Siempre pensé que el científico era un gran artista y viceversa, ambos necesitan desarrollar las mismas cualidades. La práctica de la arquitectura es una actividad única que convoca conocimientos muy diversos, la división enciclopédica del conocimiento ilustrado nos llevó a dividir su enseñanza en materias no sólo diversas sino, a veces, contrarias.

¿Qué opina de la especialización en la arquitectura?

Que es un desastre, sólo útil desde el punto de vista comercial. Como ya he dicho la arquitectura es una actividad esencial y única, ni siquiera creo en el urbanismo como especialidad, sólo creo en la especialidad de los conocimientos. Es esta condición unitaria del Proyecto Arquitectónico la que produce la posición marginal del Departamento de Proyectos en la Escuela en la actualidad, frente a Estructuras, Teoría y Crítica, Procedimientos de expresión, Instalaciones… El mismo mecanismo que también produce nuestra marginalidad actual como Escuela ante la creación o subdivisión de tantas nuevas facultades universitarias, de tantas nuevas profesiones. A pesar de lo mal que nos va en ese tema no creo que debamos entrar en esa “estrategia” mercantil e interesada.

Ha dirigido tesis, alguna muy conocida. ¿Qué le diría a un arquitecto joven que está pensando en hacer un doctorado?

No lo sé, quizás la sociedad está produciendo una especie de uniformidad excesiva en el desarrollo de nuestras carreras, hay veces que pienso si son necesarios tantos doctores. La profesión ofrece tantas alternativas que uno debe dejarse llevar por sus gustos. Desde luego si la tesis doctoral sólo significa un incremento de la línea curricular, algunos puntos más, no merece la pena el esfuerzo. Le diría que primero lo pensara y luego dedicara su tiempo a algo que de verdad le apasione, si es la investigación trataría de ayudarle.

¿Cómo afronta un nuevo proyecto? ¿Encuentra inspiración en otras actividades?

Cuando comienzo un proyecto debo tener cuidado, la simple enunciación de un programa o de una determinada circunstancia arquitectónica pone en marcha inmediatamente un proceso que no sé parar. Prefiero pensar lentamente, evaluar todas las alternativas, si eso fuera posible, pero no siempre lo consigo, parece como si mi cabeza se comportara como las ollas de “palomitas” y lanzara fuera todo tipo de argumentos. No he sentido nunca la “mente en blanco”, ni el miedo al papel en blanco. Es como si me desdoblara y pusiera a mi otro yo a resolver la cuestión planteada. Pasa igual cuando escribo, una vez que he comenzado no puedo parar, como si otra persona me dictara. Claro que luego está el acabado, el proceso de perfeccionamiento que ya no es tan intuitivo y requiere al mismo tiempo de conocimiento, voluntad y, sobre todo, mucho trabajo. Es posible que en todo esto haya influido en mí la enseñanza de proyectos, la necesidad de ayudar a evolucionar en poco tiempo muchos proyectos durante tantos años.

No sé lo que es la inspiración, sólo sé que hay días mejores que otros.

¿Cómo definiría su obra?

Uno de los males de nuestro tiempo es la ANECA –Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y la Acreditación-, la mayoría de los jóvenes profesores trabajan para obtener puntos al tiempo que se convierten en cronistas de sí mismos, son conscientes que un artículo pésimo les proporciona los mismos puntos que el mejor de los artículos y ya se puede imaginar el resultado cuál es. Nunca he tenido tiempo para trabajar y documentar a la vez lo que estoy haciendo.

Harto de hacer currícula, listas de proyectos, concursos, obras, artículos, conferencias, cursos, estancias… Fatigado de escribir una y otra vez las mismas cosas incrementadas en lo realizado el último año, he decidido enviar a todo el que me pide mi currículum vitae unas pocas líneas que escribí hace dos años:

Autor de varios libros de ensayos, cuentos y crónicas, así como algunas obras de arquitectura. Arquitecto y profesor por vocación de la Universidad de Sevilla.

Fundador, director y editor de la revista de arquitectura PERIFERIA entre 1983 y 1992. Lector y escritor aficionado, pero, sobre todo, viajero y observador silencioso de lugares y tiempos. Hoy archiva años, unos pocos amigos y muchos recuerdos.”

En estas cinco líneas está toda mi producción, no hay más.

Ha visto y ha formado parte de la transformación de Sevilla, tanto en la expo como en los años posteriores. ¿Qué operación/proyecto le ha gustado más y cual le parece errónea?

Comprenderá que me sea difícil elegir, perdóneme pero cuando leo las entrevistas de los periódicos o revistas siempre trato de contestar yo las preguntas, pero nunca consigo decidirme. Por ejemplo, aún no sé cuál es el color que más me gusta.

En cambio, sí he pensado que la transformación y mejora de nuestras ciudades habría que hacerla demoliendo tanto como construyendo, si consiguiéramos eliminar algunos de los peores edificios de nuestras ciudades, incluso lo podríamos hacer por votación popular, estoy seguro que elevaríamos el nivel de las mismas. Claro que esto también lo podríamos hacer con nuestros muebles, con nuestra ropa o con los libros de las bibliotecas. Lo importante es aceptar la fungibilidad de las cosas, también de la arquitectura.

En “Cómo se hace un PFC” hablaba de la importancia de este ya que “es mejor contar con un primer proyecto del que nos sintamos orgullosos que algo que haya que ocultar”. Desde entonces este ejercicio ha ido cambiando ¿Cuál es la importancia del PFC hoy en día?

Es cierto ¿no? No creo que todo tiempo pasado fuera mejor pero la evolución de los planes de estudios es muy negativa, parece que la hayan hecho unos cretinos y seguramente así ha sido. Recuerdo que escribí ese texto porque la Escuela de Granada había alcanzado su quinto año de existencia y quería ayudar a sus primeros alumnos a hacer el Proyecto Fin de Carrera (nunca me han gustado las siglas, me parece que me están hablando de un partido político). En los años transcurridos desde entonces no creo que aquel texto se adecue a los fines de carrera actuales. Contestando directamente a su pregunta, para conocer el perfil de un aspirante a profesor de proyectos la primera nota que cuenta es la del Proyecto Fin de Carrera, su importancia está en relación al tipo de trabajo que se quiera realizar.

También dejó escrito que “es fundamental hacer que el tema o su planteamiento corresponda con el interés de su autor”. Suele ser común en los mejores proyectos la pasión por el tema principal del autor, o que el tema a desarrollar es bastante particular, sin embargo muchos tribunales están muy cerrados a cierto programa o planteamiento. ¿Cómo fomenta ese interés propio de cada alumno?

Al fin y al cabo el Proyecto Final de Carrera es una prueba, un examen además de un ejercicio docente, que trata de evaluar los conocimientos adquiridos y la forma en que se utilizan. Comprendo que algunas propuestas puedan no ser idóneas para producir esa evaluación. La actividad arquitectónica siempre se ha generado mediante un encargo, con un programa y unas circunstancias, es el buen arquitecto el que convierte en excepcional un encargo ordinario, de la misma forma que un mal arquitecto convierte en ordinario cualquier tipo de encargo.

¿Cómo ha notado a sus alumnos en estos años de crisis? ¿Qué le diría a un alumno desanimado por el estado de la profesión?

No he apreciado ningún tipo de cambio en los alumnos en cuanto a la situación económica, si en cuanto a la reducción de horas de enseñanza producido por los nuevos planes de estudio, y especialmente en la reducción del temario de algunas asignaturas y departamentos. En la actualidad es absurdo que se pueda ser arquitecto sin saber “Geometría Descriptiva” o “Historia del Arte”, se está produciendo un inquietante desequilibrio entre las enseñanzas objetivas y técnico científicas, y las subjetivas, relativas a juicios críticos, lamentablemente en favor de estas últimas.

Si algún estudiante se encuentra desanimado por el estado de la profesión en cuanto a la situación económica, le diría que cambiara de carrera.

¿Cómo convencería a un estudiante de instituto para que estudiase arquitectura hoy en día?

En primer lugar hay que saber que gran parte de la felicidad o bienestar de una persona se encuentra ligado a su trabajo y a su capacidad para ejercerlo, por ello es necesario encontrar una profesión que nos ofrezca una gran posibilidad de alternativas, de forma que siempre podamos encontrar una ocupación adecuada a nuestro interés y capacidad. Se ha dicho ya muchas veces pero como es absolutamente cierto y merece la pena decirlo de nuevo, si cuando terminemos la carrera nos podemos permitir seguir “jugando” como cuando éramos niños, experimentando y aprendiendo en cada actividad profesional, tendremos muchas posibilidades de ser relativamente felices. La Arquitectura es la actividad que nos ofrece más posibilidades diferentes de ejercicio profesional, desde el cálculo de estructuras al control de obras o materiales, desde la fabricación al diseño, desde la investigación básica o aplicada al dibujo o la realidad virtual.

¿Qué obra le queda por hacer o le gustaría haber hecho?

Hay una obra que admiro de forma singular aunque nunca he sentido el deseo de haber sido su autor. Es la piscina de los Apartamentos de Huerta del Rey en Sevilla de Manuel Trillo de Leyva.


entrevista a Juan Luis Trillo de Leyva

Juan Luis Trillo durante el Workshop en Venecia “Le nuove case del giardiniere”, dirigido por él mismo.

Fotografía: Leonardo Monaco Mazza

Entrevista: Álvaro Gutiérrez Ruiz


 

 

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