Pedro Torrijos: “Yo escribo como proyecto”

Esta semana nos reunimos con Pedro Torrijos . Pedro es arquitecto y escribe para diferentes medios digitales desde que empezó en Jot Down en 2012. Hablamos con Pedro sobre arquitectura, su divulgación, su crítica y sobre la ausencia de estas. También hablamos de sus artículos, de Sevilla, de Madrid y de música.

Antes de estudiar arquitectura ya habías estudiado la carrera de música.

Sí, no sé cómo será ahora la carrera de música, pero antes se estudiaba de una manera fortuita, se entendía como actividad extraescolar. Yo entré con nueve años y sin darme cuenta estaba entrando en un carrera. Lo cual es un poco absurdo porque con diez años estás estudiando unos libros de teoría musical totalmente insufribles, pero como por otro lado aprendes a hacer sonidos con un instrumento pues vas avanzando. Yo estuve 14 años estudiando música. Tengo el grado medio de trompa, no me saqué el superior porque me encontraba en cuarto de arquitectura y tenía que elegir.

¿Por qué eliges arquitectura en lugar de la música?

Pues porque la arquitectura me planteaba cosas que la carreara de música tal y como se concibe no plantea, que es la creatividad. En la carrera de música la creatividad es algo casi marginal, está muy enfocada hacia la interpretación.

Es un poco triste que la carrera de música sea tan poco creativa.

Sí, tengo un recuerdo agridulce, no con la música, que me encanta, sino con la carrera. Porque tengo la sensación de que son estudios un poco tristes, además de ser una carrera durísima.

Además dices que desde niño siempre escribías, cuentos sobre todo.

Sí, esto es un poco exagerado, pero es la pura verdad. A mí lo que me gusta desde siempre son las actividades creativas. Desde muy pequeño leía mucho, sobre todo ciencia ficción, fantasía… especulación científica que se llama ahora. El “sense of wonder”, me maravillaba todo lo inexplicable. Y desde muy pequeño escribo cuentecitos, proyectos de novelas que no acababa y que estarán guardados en algún cajón, todo esto con unos 12 años.

Precisamente cuando me doy cuenta de que no tenía la constancia suficiente para escribir novelas me dediqué a escribir cuentos y poesía, muy ingenua al principio pero siempre con una especie de necesidad de contar algo, de generar algo, de crear mundos en definitiva. Todo esto que me encanta es lo que me lleva a la arquitectura y a la escritura, y también me aparta de la música.

Y en esa búsqueda por crear realidades pasas de la música a la arquitectura y de la arquitectura a la prensa, es como pasar de una profesión difícil a otra más difícil.

Bueno, lo que voy a decir es un topicazo pero es la pura verdad: Hay que reinventarse. Con la crisis inmobiliaria entramos en un estado de precariedad económica tremenda y no te queda más cojones que reinventarte, por muy tópico que sea. En la entrevista que hice a Alberto Campo Baeza le pregunté qué les diría a los alumnos que están terminando arquitectura, y lo que me vino a decir es que nuestra formación es tan completa que te permite reinventarte. Gianfranco Ferre no estudió moda, sino arquitectura, ya luego se hizo modisto.

¿Y cómo llegas a Jot Down?

En 2011 nace Jot Down y yo la leía asombrado de que existiese una publicación digital que ofreciese artículos y entrevistas de semejante calidad. Es lo que ahora se llama “long-form” pero antes no tenía ni nombre, artículos de 3.000 palabras que requerían sentarte un rato a leer, y algunos eran muy profundos y muy interesantes, pero todos bien escritos. Y a finales de ese año mando una serie de artículos a Jot Down sobre cine, que iban a ser capítulos de mi tesis, al cabo de unos días me contestan que les interesaban y empiezo a trabajar con ellos.

Empiezas por ahí y vas descubriendo que estás haciendo algo que te gusta, estas contando cosas. Al no hacer periodismo de actualidad, sino divulgación, pues puedes crear mundos y adornar historias, no tanto en los hechos sino en la forma de contarlo. Esto me permite jugar con las palabras, con lo que quieres contar, poner al lector en los ojos de quien quieras.

¿Te ayudó la carrera de arquitectura a escribir mejor?

Sí, sin ninguna duda. Es que esto es así, la formación humanística global que te produce la carrera es verdaderamente inaccesible. Yo escribo como proyecto, escribo como creo que se debe proyectar un edificio, no empiezo por la primera palabra y acabo por la última, lo escribo todo a la vez, encajando párrafos, moviéndolos, enlazándolos, mezclando… Hago algo que es muy de arquitecto, que es poner al lector en los ojos de alguien que está viviendo la experiencia, que está haciendo un recorrido espacial.

Teniendo en cuenta que no escribo para arquitectos, sino para el público en general, les muestro un edificio tal y como yo quiero que lo vean, ya sea el Panteón o el Pompidou, no puedo llevarlos físicamente pero intento hacerlo con palabras. Esto es producto de la enseñanza de la escuela de arquitectura.

Sí, pero explicarlo con palabras es producto de la literatura.

No exactamente, porque yo busco una experiencia espacial, como la de Bruno Zevi, es decir, la única manera de percibir un espacio es con el tiempo, con su recorrido. Esto es porque yo pienso en espacio. Incluso cuando cuento la historia de una fotografía de hockey, intento contarlo de la manera más espacial posible. El ambiente, el aire, la densidad, la luz, el ruido… coloco al lector en la experiencia espacial de ese momento.

¿Y qué es lo que más te ha ayudado de lo aprendido en la carrera?

Lo mejor de la carrera es que enseñan a ser curioso, luego ya cada uno tendrá más talento o predisposición para ser curioso pero hasta el más cenutrio una vez pasado por la carrera de arquitectura es más curioso que cuando empezó. Lo que yo recuerdo de la carrera es la sensación de que todo es susceptible de ser interesante, y cuando digo todo es todo. Tu puedes escribir un artículo descojonándote de este edificio, porque es espantoso, la curiosidad que te despierta el hecho de que tú puedas disfrutar de todo, aunque sea algo espantoso, a mí me lo ha dado la carrera.

Quizá yo ya era un niño curioso, pero después de la carrera muchísimo más. Me dijo una vez Rafa Cabeleira, que escribe en El País, que si hay algo que a mí no me interese. Me parece un halago muy bonito y además es cierto. Otra cosa es que cuando ya has investigado sobre algo veas que es una gilipollez, pero a priori creo que todo puede ser interesante.

Haces divulgación de la arquitectura, que es algo que siempre ha sido un tema a mejorar.

Casi que a empezar. Tenemos muchos problemas, en todo el mundo, y uno de ellos es el sólido y consistente palo que tenemos metido por el culo. Hace poco, no recuerdo por qué conferencia fue, se habló mucho sobre Andrés Jaque y las chicas que forman Fru*Fru. Unos días después le comentaba a un amigo que se había liado en Twitter la de Dios con Andrés Jaque, pero instantáneamente me di cuenta de que no, que hubo mucho revuelo entre 40 personas en toda España, pero para nosotros eso ya era mucho aunque sea totalmente irrelevante.

¿Y la crítica de arquitectura?

No existe la crítica de arquitectura, ni en España ni en ningún lado. Salvo por Calatrava, sobre el que hay consenso general, parece que no hay valor para decir que algo no está bien. Además existe una hiper-endogamia, que existe en todas las profesiones, en la cual parece que a los arquitectos sólo nos interesa la arquitectura y sólo hablamos para arquitectos.

Jose Ramón Hernández Correa tiene un blog que se llama arquitectamoslocos. Colgó en un artículo que se llamaba Manual de discurso automático para arquitectos una tabla de 7 columnas y 20 filas en las que puedes ir eligiendo una fila al azar en cada columna y te sale de repente una frase perfecta para metérsela doblada a cualquiera. Por ejemplo, eligiendo al azar: La armonía ambiental de la piel organiza una estrategia intencionadamente inmaterial, otra, El tratamiento estructural del alzado muestra una frialdad débilmente metafísica. Tú dices eso y cualquiera te lo compra, y esto a veces llega al ridículo y al meta-ridículo.

En la famosa casa never neverland, que me parece muy bonita e interesante, después lees lo que dice Andrés Jaque y es que es mentira todo lo que dice. Decía algo así como que había dotado a la casa de dispositivos de separación espacial, y eso son puertas, Andrés. Esa casa es bonita y sugerente pero eso no es ni el futuro de la arquitectura ni el presente de la arquitectura. Archigram en 1969 estaba haciendo algo verdaderamente avanzado, la casa del futuro de los Smithsons era algo realmente avanzado también. Never neverland es sólo una casa.

Luego se produce el meta-ridículo: gente que se traga el discurso ese y cree que Andrés está revolucionando la arquitectura, y no es así, solamente está haciendo una arquitectura más o menos sensata e interesante y disfrazándola con palabrería.

Y el meta-meta-ridículo: se monta un pollo al respecto que sólo nos interesa a 40 personas. No tenemos relevancia social ni la merecemos.

Es curioso cómo los cocineros si han conseguido esa relevancia, en mucho menos tiempo que los arquitectos.  

Hay algo respecto a eso, creo que se debe a que la cocina se puede imitar. Todos somos cocineros de alguna u otra manera. Decía Ferrán Adriá que a él lo que le habría gustado es ser la primera persona que batió un huevo y todos nosotros hemos batido un huevo. Existe esa imitabilidad, por mucho que luego cierta cocina necesite mucha tecnología. Además tiene una inmediatez que la arquitectura no tiene. Un proyecto de arquitectura es una cosa larga, compleja, gigantesca, como muchísimos sinsabores… No es algo que alguien quiera imitar como hobby. Un MasterAquitecto al estilo MasterChef no interesaría a nadie no sólo porque no se puede imitar sino porque nos pasaríamos dos horas usando las frases de la tabla.

Cuando yo escribo sobre arquitectura sé que estoy hablando a un público no experto, y si escribo La escala topológica del corpus exhibe un volumen inequívocamente quimérico el lector cogerá el ordenador y me lo tirará a la cabeza, con toda la razón además. No es porque el lector sea tonto sino porque los arquitectos somos gilipollas y nos creemos que todo debe estar dentro de este marco.

¿Cómo ves este panorama de la arquitectura en el futuro?

Está la cosa como para establecer predicciones… por tanto voy a hacer una. La construcción de nueva planta está condenada a la extinción, en el mundo occidental al menos, a medio plazo. Es tan ridículamente insostenible que o se ponen a derribar edificios para construir otro encima sólo para mover la rueda económica o somos un poco más sensatos y nos damos cuenta de que la construcción de nueva planta no tiene ningún sentido y hay que reciclar los edificios.

No sería extraño que se pusieran a tirar edificios perfectamente válidos para construir otros.

Claro, pero eso es como predecir que va a llegar el Imperio Intergaláctico con Darth Vader a la cabeza y nos va a someter. Pues es posible que pase, pero como disciplina la construcción de nueva planta se acabará extinguiendo. Se debe tender al reciclaje, hacia construcciones efímeras, temporales…  no como vivienda habitual sino como sistemas de pensamiento. Cuando yo empiezo la carrera lo más avanzado que se conoce es Archigram, y cuando la acabo también, y pasarán 30 años y seguirá siendo Archigram, porque es la gente que ha pensado. O Toyo Ito con su casa para chica nómada.

Porque construir un edificio no es más que eso, lo podemos disfrazar intelectualmente como queramos, y está muy bien. Ahora bien, eso es construcción, la arquitectura es mucho más. Hay un montón de arquitectos trabajando en diseño de videojuegos, la inmersión espacial es inmediata. Habrá arquitectos que no hayan construido nunca nada tangible pero habrá construido mucho en un entorno virtual. La arquitectura siempre trabajará con el espacio, así lo creo yo.

¿Somos los arquitectos prepotentes?

Sí. Pero todo el mundo lo es dentro de su propio círculo, aunque no sea una disculpa. Además somos prepotentes porque tenemos esa sensación de que estamos por encima de los demás que no saben de arquitectura. Cuando escuchas a un buen arquitecto o a un buen cocinero descubres que la mayoría no es prepotente. Alberto Campo Baeza es muy exagerado, pero no tiene ni una pizca de prepotencia, es tremendamente humilde, hablando y viviendo. Ferrán Adria puede parecer muy abracadabrante en Twitter pero en realidad solo habla de transformar alimentos en otras cosas. Luego escuchas a Calatrava diciendo que no se entiende que le critiquen y…

Tienes una línea de artículos de arquitectura, Si sólo pueden ver una cosa ¿para cuándo uno de Madrid?

Pues ya están incluso hechas las fotos, y puedo adelantar que será sobre Torres Blancas de Sáenz de Oiza. Antes tienen que llegar el de Barcelona, que será el mercado de Santa Catalina, y el de Nueva York, que es el Guggenheim.

No te arriesgas mucho.

O sí, porque piensa que los artículos no son para arquitectos, sino para el público en general. Con el primer artículo, el de Roma, intento contar un edificio que sí es conocido pero que no es el más conocido para el público. En Roma la gente va al Coliseo, y al Panteón va mucha gente, pero no es el edificio de Roma. Para los arquitectos sí, pero para el público general no. En París no cuento la torre Eiffel, sino el centro Pompidou; en Granada cuento el palacio de Carlos V en lugar de la Alhambra. También intento  que sea un edificio que tenga una historia que contar en su concepción o construcción.

¿Qué sacarías de Sevilla?

Pues no conozco mucho la ciudad, sé que voy a sacar la torre de Cesar Pelli en una serie de artículos que estoy haciendo en El Economista sobre edificios feos, pero no sabría qué edificio poner en Si vas a Sevilla y sólo puedes ver una cosa, no está lo suficiente claro. Pero ya que me lo proponéis investigaré un poco.

En esos artículos encajaría el Monasterio de la Cartuja.

Pues mira, es muy interesante, porque no es la Giralda ni la Torre del Oro, además está apartado del centro.

¿Qué te parece Sevilla?

La conozco poco, he estado cuatro veces: la primera en la Expo, así que no estuve en Sevilla. Después estuve un solo día en el centro, la alameda todavía era de tierra, con un macrobotellón importante. En 2012 estuve con unos amigos y conocí sitios muy chulos por el centro, estuve en una azotea reconvertida en bar, con pinta de ser muy ilegal, sólo había un botellero frigorífico, y me pareció muy bonita esa forma de vivir la ciudad. Ese año fui a la Cartuja y me impactó, estaban los vagones del monorraíl como si hubiese pasado un desastre nuclear, eran como las ruinas de un futuro que nunca existió, ruinas retro-futuristas. Luego he estado un par de veces más para los eventos de Ciencia Jot Down pero apenas hemos salido del hotel.

Desde Madrid, Sevilla es la capital del tópico, y ayer cuando venía en el AVE todos eran los típicos capillitas con pantalones rojos y gomina, es cierto que eso es el AVE y no es toda Sevilla, si no la Sevilla que puede permitirse el AVE. Eso que yo vi ayer en el tren contrasta mucho con la Sevilla que vi con mis amigos, la Sevilla que yo vi en aquel viaje era totalmente lo contrario.

En nuestra última entrevista nos decía Carlos García Vázquez que Madrid es una ciudad muy moderna. Tú como madrileño ¿qué crees?

Madrid es un crisol de culturas, si entendemos por eso modernidad, cualquier capital de un país va a ser moderna en ese sentido. Decía Sabina que lo bueno de Madrid es que te bajas en la estación de Atocha con una boina y a los cinco minutos eres de Madrid. Y eso es así. Somos una ciudad en la que no nos preocupamos de dónde viene la gente. Madrid puede considerarse moderna en el sentido de que es muy abierta o progresista, ahora en el sentido político también. Tiene mucho tejido asociativo entre vecinos aunque no lo parezca, y movimientos sociales importantes, pero esto lo tienen todas las ciudades grandes creo.

Y arquitectónicamente, ¿es moderna Madrid?

Arquitectónicamente Madrid no es una ciudad moderna. Tiene cosas muy interesantes porque es la capital de España y todos los maestros han construido allí, pero no en general.

Urbanísticamente es un desastre, con un par de cosas brillantes. El plan Vázquez de Castro y Madrid Río, que fue un espanto de obra durante cuatro o cinco años, era un estado de guerra, con trabajo a tres turnos porque Gallardón lo necesitaba para las elecciones. Madrid Río es un lugar sensacional, un proyecto verdaderamente brillante, aunque ahora hay que pagarlo.

Lo que sí se puede decir de Madrid objetivamente es que es una ciudad acogedora. Nadie te pregunta de dónde vienes ni te sientes como un extranjero, es una ciudad sin identidad, o con multi-identidad. No puede existir el 8 apellidos madrileños.

Entrevistadores Álvaro Gutiérrez  – Jorge Espinosa Fotografía Jorge Espinosa

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